Por Juandemaro Querales
El individuo prefiere no estallar tan fácil –ante cualquier señal de contrariedad- hoy se había incomodado varias veces. La mujer rondaba por los rincones de la casa peligrosamente. Eran días en que afloraba la personalidad oculta, el desdoblamiento se imponía frente al estado primigenio, en momentos en que la serenidad daba paso a la violencia, a las amenazas y a la frase altisonante. La mujer hermosa de rasgos caucásicos a imagen y semejanza del colonizador europeo quedaba atrás. Es la misma mujer de mis sueños húmedos, la de piel nívea que atraigo con dulzura a mis brazos y le pego la nariz suavemente, para absorber esos olores característicos de la hembra excitada, potente y segura que a cada momento maldice la realidad. Todo lo echa por la borda. Musa de mis inspiraciones tanto en prosa como en verso. Hermosura que se agiganta cuando con esmerada coquetería se coloca polvos, pinturas y resinas por su bello rostro. Aquí el lobo libidinoso que llevó adentro, emprende una cacería de días y horas, para reducir la presa de mis sueños infantiles. Olor a sexo a posesión a querer rasgar las ropas estrechas y pegadas al cuerpo de camarón. En esos días la hembra de las protestas, la incontinencia verbal y las rabias sin razón aparente, se deja domar, el olor que desprende su hermosura transformada riega toda la atmosfera de la gran casa, el paisaje selvático hace juego con el escándalo de los sentidos. El lobo carnívoro regresa al estado cavernícola y mide las distancias, merodea los lugares que frecuenta la hembra, quien prefiere estar boca abajo sobre el inmenso King Sice que parece una sabana. Ahí la hembra con rasgos ibéricos medita mientras se aplasta un fastidioso barro de la cara, granos que preceden a la segura menstruación de todos los meses. La cacería se prolonga por semanas enteras – al fin- el lobo y la caperucita roja terminan un buen día soleado sin amagos de lluvia ayuntandose y absorbiendo los jugos de sus cuerpos, para lo cual y como cierre del acto sexual paralizan sus movimientos como si un rayo los hubiese tocado para quedarse finalmente en estado cataléptico.
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Texto del libro de cuentos Reunión (2013)