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21 julio 2010 3 21 /07 /julio /2010 19:25

Para el longevo dictador cubano Fidel Castro, el final del mundial de fútbol Sudáfrica 2010, no iba a ser pura celebración, sino que en ese mismo instante se desataría la Tercera Guerra mundial, provocada por Estados Unidos y sus aliados, con la excusa de castigar al Irán de los ayatolás.

 

Para un Fidel Castro recuperado de una larga enfermedad, concurrir al programa “mesa redonda” de la televisión cubana, es representativo del grado de exhibicionismo, llevado por el interés de no abandonar la escena pública, y que los pocos cambios instrumentados por su hermano Raúl Castro, cuentan con su anuencia.

 

Este eterno sátrapa, que no tuvo escrúpulos para organizar guerras en diversos continentes, dando asistencia militar, enviando grandes contingentes de soldados a África; ofreciendo asilo a combatientes extranjeros en su territorio; ahora se alarma y se presenta como una nueva versión de Caperucita Roja, sorprendido por el número exagerado de ojivas nucleares en poder de Estados Unidos y Rusia, 3000 entre ambas potencias, y otras 1000 ojivas distribuidas en un selecto club formado por: Francia, Inglaterra, China, India y Pakistán, y al que quiere acceder el supremo Ayatolá de Teherán.

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Para este Nostradamus moderno, la voracidad y el deseo casi sexual del Estados Unidos de Barack  Obama por controlar el mundo; hace posible que estas naciones abandonen el terreno de la confrontación diplomática, y se inclinen por la solución final de desatar un conflicto empleando el arma nuclear focalizada; método que solo busca enviar señales a los jefes y sociedades que propugnan el nuevo modo internacional o terrorismo, como lo define la doctrina George Bush el cual privilegia el ataque preventivo.

 

El dictador caribeño que se creía estaba en hibernación, ha resurgido de las cenizas como un ave fénix, como un nuevo Dios Proteo, dispuesto a alertar al mundo de sus enemigos y sus peligros, el mismo cabalístico que se desgañita hablando de los riesgos climáticos y ahora del Apocalipsis según San Juan.

 

Cuando en el año 62 la tozudez del gallego Fidel; y sus obcecados correligionarios, convencieron a la URSS de emplazar cohetes con ojivas nucleares apuntando a las principales  ciudades  de los Estados Unidos; y que al ser detectados las plataformas  de lanzamiento, por los satélites y aviones espías americanos; la reacción de John Kennedy no se hizo esperar, dando un plazo de pocas horas para retirar  las armas; ordenando el bloqueo de la Isla, con la intención de hundirla en el océano, usando para ello el arma nuclear, y la respuesta inmediata del premier ruso, un ucraniano de ademanes simples y campechano: este personaje es Nikita Kruschev, procediendo a relevar estas armas, y se evitó la tercera guerra nuclear, a lo que Castro y sus socios de la cúpula gobernante reaccionaron con rabia, organizando manifestaciones en toda la isla, entonando el estribillo “Nikita mariquita lo que se da no se quita”. Este siniestro personaje (Fidel Castro) es el mismo lobo disfrazado de abuelita, también se hace pasar por la madre Teresa de Calcuta.

 

Que no se diera el fin de la humanidad, el día que gano la selección española, es explicada por el Nostradamus caribeño del siguiente modo: un imprevisto como la torpeza que mostró el ejército israelí, al asaltar un buque de bandera turca, que navegaba  hacia Israel para llevar ayuda a los palestinos de Gaza; este simple galimatías arruinó las predicciones de este anciano, quien se niega a ser enterrado, y con sus palabras grandilocuentes, se da por convidado en todas las negociaciones por el futuro de la isla, llevada a regañadientes por su hermano Raúl “aspirante a la Corona”, en esta lectura napoleónica de la piedra roseta, ni una palabra para la difícil situación cubana.

 

               Julio de 2010                                                     

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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