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16 julio 2010 5 16 /07 /julio /2010 22:38

 

El 5 de julio fecha cimera de la nación venezolana, celebrada por todo lo alto durante el periodo pre-revolucionario, fue sustituido este  año por un melodrama donde la protagonista es Manuela Sáenz y unos supuestos restos mortales.

 

La esposa del doctor Thorne fue sacada del subsuelo de la historia, para ser objeto de adoración de una revolución que ya se agota; la excusa de traer un puñado de tierra de la  localidad peruana de Paita, Puerto sobre el Pacífico donde pasó su vejez y murió aquella compleja mujer, olvidada, pobre y enferma; pero con una entereza que sorprendía a sus más enconados enemigos.

 

Compañera de luchas y de lecho del libertador Simón Bolívar, esta quiteña se entregó en cuerpo y alma al más grande de los americanos, al no más verlo en su aristocrático balcón, cuando el ejército de la gran Colombia entraba triunfante en la capital de la Audiencia de Quito. Esposa del médico inglés Thorne, muy anciano para aquella joven  e impulsiva dama, ganada para las luchas por la independencia suramericana.

 

La separación del poder y pronta muerte de Simón Bolívar, hundirá a esta mujer en el peor de los olvidos; considerada elemento hostil a las pretensiones de los nuevos amos que fueron surgiendo, sobre las cenizas del viejo proyecto de Confederación continental puestas en práctica por el genio de Caracas. El destino de Sáenz también lo comparten los generales más cercanos al amado héroe; esto se extiende a colaboradores entrañables como el llamado “Sócrates de Caracas” don Simón Rodríguez, este trashumante visita a la minusválida de Paita, y en respuesta a una propuesta de quedarse, terminó la entrevista señalando la inconveniencia de juntarse dos soledades, para unos organismos cansados.

 

El interés de esta revolución por hurgar en nuestra historia fundacional, no es otro, sino el de mantener la atención puesta sobre un proceso político que se agota y perecerá de mengua, construcción hecha de necrofilia, buscando en la sarcofagia justificación a sus tropelías en la epopeya de héroes incorporados al imaginario colectivo.

 

Traer un puñado de tierra del Perú de Alán García, es una cursilería de quienes juran que este país les pertenece, este melodrama propio de una culebra de televisión de 7 a 9 de la noche, revela ignorancia, desprecio por lo más preciado de nuestra construcción histórica. Esta bufonería se puede comparar con el mismo teatro montado por Pérez Jiménez, cuando aceptó unos restos que se hicieron pasar por los de Simón Rodríguez, mandados por el dictador Manuel Odría, y después se descubrió que eran falsos.

 

El truco del puñado de tierra -patentado por este gobierno- y llevado como recurso hasta el infinito, ha servido para sobre poblar el hacinado Panteón Nacional: Guaicaipuro, José Félix Ribas y ahora Manuelita Sáenz, conforman el santoral de la nueva secta del sincretismo bolivariano, que necesita del sarcoma para engañar a la opinión pública que no se recupera de los escándalos de corrupción que de tanto en tanto protagonizan sus fieles.uno.jpg

 

La historia de los polvos no es exclusiva de los oficiantes del nuevo culto, todavía se recuerda el viaje del exgobernador Ramón Martínez al Ecuador, con la intención de extraer un gramo de las cenizas del Mariscal Sucre, guardadas a cal y canto en el baptisterio de la Catedral de Quito. Gestos folklóricos que les hacen el juego a los militaristas de todas las épocas; pero lo de ahora es más peligroso, porque busca crear un materialismo adoratorio con Chávez en el papel de Dios Amón.

 

Para la aristócrata de Paita, olvidada en el fin del mundo, rincón donde peregrinan -de tiempo en tiempo- grandes figuras para evocar al genio de Caracas, con los recuerdos de esta indoblegable criatura: Garibaldi “el padre de la unificación italiana” se acerca a esta orilla del Pacífico, y en una calurosa tarde, sintió la pasión erótica de una mujer casi adolescente en brazos de un guerrero promiscuo, chinchorro de por medio en la extensa casa al pie del Monserrate en la plutócrata Bogotá.

 

Manuela, Generala en jefe del ejército bolivariano de Chávez, colma con este rango una vieja deuda contraída, y que por intrigas y mezquindad de Santander, solo se le dio el grado de Coronel por los servicios prestados como combatiente en el rincón de los muertos o Ayacucho; homenaje celebrado en mal momento para nuestro país. Como segundona de Bolívar; tus glorias no fueron ganadas en la cama, sino en los campos de batalla, en la política y en la defensa del testimonio documental, en esto ultimo mostraste especial celo por ese gigantesco archivo personal del General-Presidente, por eso es que debes ser recordada y no por ese recurso baladí utilizado para que llevara la palabra ese fanfarrón de Rafael Correa.

 

Julio de 2010

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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