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28 enero 2010 4 28 /01 /enero /2010 19:32

En mi casa siempre hubo una foto guindada de Rafael Caldera, lucía como el Gardel del “Día que me quieras”; la razón: mi padre fue fundador de COPEI en Lara; de militancia comunista de muy joven, mantuvo una gran amistad con Chío Zubillaga Perera y con el poeta Segundo Ignacio Ramos; su afiliación posterior al conservadurismo lo sitúa, a decir  de Andrés Eloy Blanco, en una rareza para un hombre negro.

 

El “doctor” Caldera como le decía el pueblo venezolano, fue un ejemplo de político tradicional, que fue escalando posiciones en el mundo del poder en nuestro país, hasta recalar en Miraflores; tiranías y democracias no amilanaron a aquel hombre de ideas confesionales, en una sociedad raramente identificada con la prédica religiosa, después del deslinde del laicismo frente a todo lo que significara el pontificado romano.

 

El COPEI  que surge de la experiencia constituyente del  año 47, la misma parcialidad que se inscribe  en la Centro-Derecha casi hasta  los día de su nano-metamorfosis; momento fundacional donde un Monseñor, Acacio Chacón, constituyentista, en esta memorable Asamblea, rompe lanzas a favor de la organización que propugna la Doctrina Social de la Iglesia y la extiende a través de los Andes, esfuerzo que dio sus frutos al erigirse en bastión invencible en aquellas alturas, ensayo que marcaría el destino de esta tolda para extenderse por todos los confines.

 

A Caldera hay que reconocerle su tesón y verticalidad, que supo forjar con ese otro patriarca civil como fue Rómulo Betancourt, una alianza para turnarse en el poder de forma alternativa, a partir de la reinstalación de la democracia en el año 58.

 

Al ex-presidente yaracuyano suele tildársele de intelectual, en el sentido del manejo de las ideas políticas y sociales, es posible que esto sea un mito más creado por sus delfines, en su intento por fundar una secta socialcristiana. En mi criterio el autor de “Especifidad Socialcristiana” era un animal político que con la sabiduría que le dio los años, supo sortear jornadas difíciles vividas en la Venezuela posterior a la muerte de Juan Vicente Gómez.


 


Este fundador de partidos y redactor de leyes  para beneficiar a los trabajadores, dentro del esquema del Derecho Social; fue un ideólogo, que supo combinar con una praxis política en el foro y en la plaza pública. Algo extraño en una sociedad no acostumbrada a que los civiles detenten las riendas del poder, sin tropezarse con los eternos aspirantes a déspotas por la vía cuartelaria.

 

Este profesor de derecho y sociología del trabajo, en la Universidad Central de Venezuela, le cupo el honor de implementar los dos Planes de Pacificación política más exitosos en América Latina; la incorporación de la izquierda insurreccional a la vida política  formal en su primera presidencia 68-73; y a los militares golpistas del año 92, en su segunda presidencia del 93-98; es histórico el sobreseimiento concedido a Hugo Chávez en el 94.

 

Caldera pasará a la historia por su concurso entusiasta por incorporar a Venezuela a la modernidad, sus gobiernos forman parte de una tradición inaugurada el día después de la huida del último dictador que hemos padecido. La continuidad en la construcción de las grandes obras civiles, el respeto a la pluralidad, y a la existencia de otros poderes de manera autónoma, como forma de contrapeso y control; convierten a este representante de la generación del 36, en un prócer civilista del siglo XX. El único error  de este conductor de masas, consistió en impedir que los más jóvenes de su partido llegaran al poder, la excepción sería Luís Herrera Campins; su apego sensual al poder le hizo mucho daño al modelo que el ayudó a crear; su presidencia transicional del 93-98, agravó las contradicciones al interior del modelo puntofijista; la izquierda archipiélago que lo acompañó en su segundo momento, lo hizo con desgano, aupando a lo lejos fuerzas retrogradas que alcanzarían gatopardianamente el poder, que a esta generación  con los funerales del último mohicano y fundador de Convergencia, se le pusiera punto final con este acto casi de misterio egipcio.

 

 

Enero de 2010

 

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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