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11 febrero 2010 4 11 /02 /febrero /2010 14:46

 

La huelga de hambre infinita que mantiene Franklin Brito, productor agropecuario cuya lucha ya es legendaria contra la decisión de Elías Jaua, titular de Agricultura y Tierras, de despojarlo de una pequeña finca en el sur del estado Bolívar, donde como conuquero sembraba ñame.

 

La política agraria del gobierno de Chávez, caracterizada por desempolvar viejas banderas que se creían  enterradas, desde la época de las insurrecciones campesinas de Aragua durante los años 46 y 47 del siglo XIX, y donde  tuvo una actuación destacada un joven afiliado al club liberal  partidarios de Antonio Leocadio Guzmán, nos referimos a Ezequiel Zamora; tótem que integra el catecismo chavista del árbol de las tres raíces: Bolívar, Rodríguez y el “general de hombres libres”.

 

De esta reedición de las luchas por la tierra, que movió la América Latina durante buena parte de  los siglos XIX y XX; el tándem: Elías Jaua y Juan Carlos Loyo, titular del instituto de tierras, ostentan el record guinnes por haber convertido más de 2000 hectáreas en producción en un desierto, en una puna, donde solo hay miseria  y excusa para servir de decorado adornado con tractores iraníes para que el Líder Máximo trasmita su Alo Presidente. Una verdadera tragedia, ya que los pocos rubros que se producían  no afloran al mercado, en su lugar carnes y vegetales se importan de Brasil y Argentina, abarrotando las bodegas de Mercal.

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La estupidez de esta revolución en el campo, ha llevado a destruir las tierras en producción, para hacernos más dependientes de las importaciones; talón de  Aquiles de este proceso, ya que la inflación, la recesión y el no disponer de dólares, han provocado el desabastecimiento.

 

Para el productor agropecuario Franklin Brito -transformado en un artista del hambre- , quien a lo largo de su protesta  ha ensayado diversas maneras  de llevar su ayuno, a fin de llamar la atención de la opinión pública: huelga de sangre, amputación de  un dedo. Todo esto ha hecho que el país y el mundo se solidaricen  con la causa de este aguerrido conuquero: la comisión interamericana de los Derechos Humanos, la OEA, han pedido al gobierno de Venezuela que ponga término a este reclamo.

 

En estos largos meses de huelga de hambre, donde el ayunador  ha perdido más de cien kilos, diversos funcionarios han desfilado por la sede de la OEA en Caracas, lugar escogido para tender su colchoneta y pancartas, para darle respuesta a sus peticiones: Ministros, Presidente de la Asamblea Nacional, altos directivos del ministerio del ramo; todas mentiras, ofertas demagógicas, ninguna de las salidas tiene asidero jurídico  para devolverle las tierras, las cosechas y los aperos confiscados.

 

Un sistema que se precia de hacer suyo, aquella vieja conseja, “de que la tierra es de quien la trabaja”, le responde como terrofago sometiéndolo a la burla y al escarnio al valiente Franklin Brito. Un gobierno ruin -que acabó con la producción de nuestros campos- y que un ayunador  solitario los desenmascaró en sus reales intenciones; acaparar la tierra , sumarla a los más de 28 millones de hectáreas que ya poseía el Estado, para obligarnos a vivir de la caridad gubernamental de las misiones.

El último expediente usado por Elías Jaua y sus compinches, es el secuestrar a Franklin Brito e internarlo en un pabellón psiquiátrico; método a decir de Tulio Hernández, desempolvado de la vieja Unión Soviética y empleado en Cuba para acallar a la disidencia; con este capítulo de la enfermedad mental  la lucha del productor de ñame entra ya en el peligroso laberinto de los sistemas totalitarios, que atacan con ferocidad cualquier oposición.

 

Franklin Brito  con los estudiantes se ha convertido en un símbolo de lucha contra las arbitrariedades de un sistema, que creía cancelado todos los escenarios para oponerse al retroceso de sociedad que se quiere implantar en Venezuela a cualquier costo.

 

 

Enero de 2010

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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