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26 enero 2012 4 26 /01 /enero /2012 17:49

Hablar de Teódulo López Meléndez reviste un gran compromiso: poeta, ensayista, editor, novelista y bloguero. Escritor apasionado y militante de referencias ideológicas, ha emborronado tanta tinta que cuesta trabajo citar su extensa bibliografía.

 

Voy a detenerme en un aspecto importante de su vida como intelectual, su responsabilidad en las páginas literarias del diario El Impulso de Barquisimeto, por más de una década desfilaron por sus secciones poetas y escritores de las nuevas promociones; durante los años ochenta del siglo XX muchos de nosotros tuvimos acogida en el importante magazine. Su seriedad era tal que ni aun en su labor de diplomático, se desprendió de su responsabilidad, delegando el trabajo de asesor literario en hombros del poeta Eddy Rafael Pérez.

         

 Teódulo López Meléndez, siempre ha sido un estudioso de los medios de comunicación, aun cuando esta industria estaba en pañales y no se sabía su desarrollo posterior y las implicaciones en nuestras vidas. Su preocupación lo coloca entre los primeros teóricos de la comunicación: “El Venezolano Amaestrado” es un libro capital que integra la trilogía de textos consagrados sobre el tema, conjuntamente con: “El Aparato Singular” de Antonio Pasquali; y “La Celestina Mecánica” de Marta Colomina.

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Autor apasionado por las ideas y el discurso político, López Meléndez  deja plasmado en libros  de ensayos su capacidad reflexiva y analítica de la ciencia fundada por Nicolás Maquiavelo: “Introducción a la Política”, “Reflexiones sobre la República”, son testimonio  de su talento.

 

Ensayista y traductor, deja constancia de su dominio de los idiomas con las traducciones de las obras en Italiano de los poetas: Ungaretti, Quasimodo, Montale; y del Portugués  Fernando Pessoa, dejándonos un extenso ensayo sobre el poeta del fado y el vino en la Lisboa de las primeras décadas del siglo XX. Su libro: “Pessoa: la respuesta de la palabra” obtiene el Primer Premio en el certamen sobre el centenario del gran poeta lusitano.

Teódulo López Meléndez, además de novelista  es un gran poeta clásico, lírico, vigente con grandes aciertos, logrando trascender a Europa, integra una cofradía que lo emparenta con Eugenio Montejo y Rafael Cadenas. Mestas, Mesticia y Mester, son referencias en la lengua española.

 

Pero la gran preocupación del autor de “Los escribientes moriremos”  es la marcha de la sociedad venezolana, en el concierto regional y mundial, a este pensador nada le es ajeno. La globalidad, la mundialización, el pensamiento único y ahora el fin de la socialdemocracia y el conservatismo. También la Primavera Árabe  y los indignados de las dos orillas; lo mantiene en vigilia a sabiendas su situación en la encrucijada que presenta la orfandad de ideas.

 

La última aventura de este monstruo de la escritura, fue haber amagado con presentarse en las primarias de la MUD, para hacer oír su voz y su escritura, en un momento fundamental en el desarrollo de nuestra historia, en el preciso momento en que se lucha a fondo para derrotar los intentos descarados de una multinacional de viudas del socialismo burocrático estalinista, por privar a los venezolanos de sus libertades más elementales. Doctrina cuya prédica no consigue eco, en un certamen ya prefijado de antemano por una casta de gobernadores.

 

En una sociedad que valora el desempeño de peloteros, futbolistas y mises; el trabajo de los intelectuales y escritores  se perciben como clandestinos, de modo que para romper este fatalismo, el Ateneo de Carora Guillermo Morón, en su próximo Aniversario  XXII-2012, ha hecho recaer el Premio de Literatura, Mención Narrativa, en este autor consagrado entre los lectores de Hispanoamérica.

 

Enero de 2012                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

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1 noviembre 2011 2 01 /11 /noviembre /2011 15:54

TITO-NUNEZ.jpgSeguir el curso de la poesía de Tito Núñez Silva, es sinuoso, dispuestos a renunciar en cualquier momento, cuando sus imágenes le sirvan de apoyatura a otro discurso pareado, al que nos tiene acostumbrados, lo largo de una docena de libros de versos y una producción en prosa, reflexiones sobre arte y literatura, y el país que tanto le duele.

 

Su poética es más bien esquemática, dividida en grandes momentos; muchos de ellos marcados por el compromiso contraído por las utopías, en que su espíritu de reformador y visionario, se aposenta en los lenguajes, únicos depositarios de las ilusiones de generaciones, tildadas de innovadoras, portadoras de originales gramáticas que buscan remover el piso firme de una sociedad, que cada cierto tiempo reclama el sacrificio de una o varias cohortes, las cuales se inmolan en fuego para lograr la purificación en la fatuidad de su voz interior; gestos demenciales que solo los poetas suelen descifrar o servir de Hefaistos o Mercurios para materializar la voluntad de las esfinges.

 

En una segunda instancia aquel insurgente de horca y cuchillo, se metamorfosea en un Hesiodo cuyo regreso al campo y al labrantío, busca la renovación del mito fundacional. Lejos quedaron las grandes epopeyas, la tierra equinoccial y tórrida del Bello y su cornucopia, aflora en un génesis cuyo canto se eleva hasta la estratosfera en: ”Bajo la vieja Ceiba” o en “El libro de Junio”; con estos testimonios se convierte en el Druida que sueña con un recomienzo de la utopía desde Moro hasta Marx, ya no con la entrega de la vida en combate, si no en el campo reformista; “Poemademus” no es un manifiesto socialdemócrata, tampoco es el armisticio obligatorio para claudicar, solo es la savia que ha alimentado al oráculo en la larga travesía por el desierto rojo del sueño.

 

No oculto la admiración que siento por Tito Núñez Silva, con lo cual no puedo estar de acuerdo con cierta crítica pueril, que llega a banalizar el trabajo  lírico del  autor de marras; si bien mi teoría de los dos momentos o estadios, es de raigambre escolástica: las poéticas de la imagen, panfletaria o clásica con referencia al Siglo de Oro, como los reformadores de la apertura de la década de los cuarenta del siglo pasado. Estructura más rígida la cual le permite escaparse de ciertos dogmas, en momentos de gran escepticismo y frustración, para una buena parte de la inteligencia venezolana, ocupada en anomizar lo que queda de República puntofijista.

 

La Selección Poética de 1966-1998, marca un punto de inflexión en un poeta que no ha dado pausa, ni descanso a su quehacer lingüístico, bien con sus dogmas y creencias, que resultan de cuerpo entero retratadas en un impresionismo; y así desdeñar cierta poesía intimista, siempre buscando el efectismo culterano se refugia en trucos surrealistas, del corte sarcofágico o coprofágico, con tal de molestar la paciencia.

 

De su espeso mural hay momentos de gran lucidez, como cuando le corresponde ahondar en el planteamiento Unamuniano del hombre y su circunstancia, resuelta mediante los recursos del sino trágico, o el tanatismo que llevó a mucha gente a pensar en abreviar camino participando de forma entusiasta en las inciviles de nuestra historia, como correlato de una unidad de visiones, combinadas entre lo real pesadillesco, y la fantasía que hunda sus raíces en la mitología, inaugurada desde los días genesíacos del ‘Variquisimeto’ del Tirano Aguirre y sus marañones; las señoritas Hinojosa, el mito bíblico de Job, varado en costas del mar muerto-placita de Altagracia, mismo mito-espacio que reunió en el pasado remoto a Salvador Garmendia, Rafael Cadenas, Manuel Caballero, Elisio Jiménez Sierra, Héctor Mujica y Alì Lameda.

 

Este apretado análisis abre el homenaje que con motivo del próximo Aniversario del Ateneo de Carora “Guillermo Morón”, le rendirá al poeta Tito Núñez Silva, concediéndole el Premio Nacional de Poesía, XXII años de la institución en febrero del 2012.

Octubre de 2011

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11 octubre 2011 2 11 /10 /octubre /2011 17:09

El espectáculo macabro de los últimos días, mostrado por unas éLA-MUERTE.jpglites políticas, sin ningún tipo de creatividad, es sintomático sobre el grado de descomposición moral, que presenta  nuestra sociedad. El velorio de Carlos Andrés Pérez, en diferido, y la enfermedad de Hugo Chávez, ocupan los gustos sarcofàgicos de una fauna que no termina de extinguirse.

El ex gobernante Carlos Andrés Pérez, el mismo que usó el eslogan de campaña “ese hombre si camina”, parece como si se resiste a descansar en paz; sus seguidores, verdaderas hienas de sus despojos, lo mantuvieron momificado en una cripta de un cementerio del sur de la Florida, esperando que se diera la ocasión, para montar un circo tanático, cuyo interés electorero debería capitalizarlo los inefables: Henry Ramos Allup y Antonio Ledezma, albacea a última hora del líder socialdemócrata.

Entre el cáncer de Hugo Chávez y la momia de Carlos Andrés Pérez, hay muchas coincidencias, la más resaltante consiste en mantener a los venezolanos en vilo, hacerlos depender de los dictados sobrenaturales, de la muerte próxima; para Hugo Chávez y Carlos Andrés Pérez en su necro-imaginario se puede seguir influyendo en política desde el más allá, como correspondía a los viejos faraones del Egipto antiguo, guiados por las directrices del Libro de los muertos.

La inmortalidad de CAP y la próxima de Hugo Chávez, serían los requisitos ineludibles que la nueva iglesia reclama de sus acólitos; un corrupto de marca mayor y otro que insurgió contra los vicios del líder adeco, ahora compite por el primer lugar de ineficiencia, corrupción y complicidad, son características del santo de moda.

Las sociedades viven cada cierto tiempo de su historia, una inclinación tanática, buscan suicidarse, no importa qué movimientos, líderes de gran peso intelectual que razonen en contrario, una inercia newtoniana las arrastra a la tragedia y con ello a desaparecer en el estercolero donde la historia espera a los sonámbulos de siempre.

La enfermedad de vacío que caracteriza a la sociedad venezolana actual, la lleva a buscar en los mitos sofoclianos como el de Antígona, respuestas al quiebre que significa convocar a los muertos, de manera de hacerlos hablar y cómplices de los delirios frecuentes, de los atávicos gobernantes, tanto del pasado como los del presente. Malos tiempos se ven venir, si los dueños del poder fracasados o por fracasar, se dan en charlas con los ausentes, como el Hamlet, mezclándolo en las intrigas palaciegas, usadas en su desespero por la espalda que les dan las masas, desencantadas, cansadas de estos líderes providenciales.

CAP no ha debido prolongar tanto su muerte por olvido, la momia velada en la casa sindical de AD en el Paraíso, correrá la misma suerte que el gran jefe liberal del siglo XIX Tomás Lander, quien después de permanecer veinte años en su sala de estudio, como objeto decorativo y contertulio de palo de las visitas, finalmente se le dio cristiana sepultura; obra del taxidermista Dr. Khoch, responsable de las momias del Ávila; ocultadas a los ojos del público, por los espesos bosques del cerro, hasta que la ciudad en su crecimiento desmedido, profanó la casa-mausoleo, sus momias tiradas y destruidas en el follaje tragadas por la indolencia. La historia es así de cruel, por más que usted quiera congelarlo en una funeraria y esperar un auge de masas, para sacarle proventos electorales; recomendamos a aquellos aprendices de brujo, que no deben olvidar esta vieja conseja marxista, y es que la historia ha regresado como tragedia.

Octubre de 2011

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30 septiembre 2011 5 30 /09 /septiembre /2011 02:17

CARA.jpgCreer que una sociedad se disuelve o se momifica porque está en guerra  permanente, es un sofisma; hoy por hoy, la literatura colombiana goza de muy buena salud siendo considerada una de los mejores del  continente. Esta afirmación viene corroborada por la Trilogía de Raúl Ospina Ospina. “Las Mujeres de Lot”; “Para Morir Nací”; “Laberinto Mortal”.

Para este autor del Tolima radicado desde hace muchos años en Chiquinquirà , Boyacá; el ambiente explosivo de la sociedad neogranadina, no le es desconocido; su experiencia como periodista y hombre de radio, le ha permitido hacer una transversalidad, donde lo efímero y a veces banal, son disecados y puesto en formol, para ser taxidermizados en una estructura como la novela, cuya definición se la da su coterráneo y excelente escritor Fernando Soto Aparicio: “La novela se presta a toda clase de experimentos, desde la literatura objetal hasta el panfleto, desde la burla y el humor negro hasta la tragedia.”

Los hombres y las mujeres del universo cerrado como en la Grecia de Pericles, de la Trilogía de Ospina Ospina, cuyos sujetos llevan un sino trágico en la frente, que solo se resuelve con la desaparición física; caoticidad que corresponde a la tragedia sofocliana de Antígona y Edipo en Colona; siendo el meridiano que ha recorrido gran parte de la literatura del país andino, desde “La Mala Hora” y “la saga de los Buendía” en el Macondo de Gabriel García Márquez.

Los personajes de Ospina Ospina carecen de vida propia, como en la sociedad cerrada griega, estos sujetos poseen un antes y un después, con un punto omega para que realice su misión. Seres pusilánimes, incapaces de torcer la voluntad del arúspice. La puerta de ingreso al averno lo marca un virus: el VIH, las listas negras al estilo Cartel de Medellín, o la maldición gitana; nudo gordiano que se desata en una operación dialéctica, donde el curso del río narrativo amasa: habla coloquial, argot de gañanes, recetario policial, y aún queda espacio para traer significación como en un anuario de variedades: la música de la costa Caribe, bambucos de la sierra, y el gusto culinario de una gran porción de una compleja y múltiple comunidad humana.

 

La vivisección de este ornitólogo que explora hasta el menor de los movimientos de la colmena, hace abigarrado el rompe cabezas de su mundo narrativo. No es fácil clasificar esta Trilogía novelística, escrita al rescoldo de tendencias que marcan la industria editorial, como la novela del narcotráfico, o la que da cuenta de la ferocidad de los alzados en armas, o los libros que cuentan lo terrible y doloroso del drama de los secuestrados, que regresan por azar del túnel de la muerte donde estuvieron confinados por años. Este periodista doblado en novelista, aprovecha el hecho fútil y fugaz que siempre es una pequeña historia, para alimentar sus muñecas rusas, con los Sherezades que ofician de coro griego de un largo funeral, que son las sociedades polarizadas.

La Trilogía de novelas reportajes, enriquecen el panorama de la Literatura posterior a la generación sempiterna conocida como Boom latinoamericano. Muy lejos de Manhattan Transfer de John Dos Pasos, y “París era una Fiesta” de Ernest Hemingway; Ospina Ospina se apega a Paul Auster, Truman Capote o a Stephen King, para darnos textos pareados producto del gusto abigarrado del guión de película, comic  o novela policial.

Lo complejo de la realidad objetiva, en un marco hegeliano de los procesos históricos, empujan a un autor como Raúl Ospina Ospina  a construir sus creaciones verbales, en una maqueta de gran aliento, Tres construcciones con una anécdota como insulsa, y que poco a poco va desarrollando una trama de cine para noctámbulo; un gran espacio corístico para agarrar a los personajes maniqueos, para echarlos finalmente por el sanitario, y se pudran en las aguas negras que recorren las entrañas de la ciudad.

Septiembre de 2011

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9 septiembre 2011 5 09 /09 /septiembre /2011 18:47

Lo mejor de la tradición de las letras venezolanas  se encuentra en nuestro periodismo: Juan Vicente González, Tomás Lander, Fermín Toro, Antonio Leocadio Guzmán y Cecilio Acosta, llenaron con su sabiduría los periódicos de orientación liberal, lo que llevó a tener conocimiento de la modernidad y a formar parte de la segunda generación de la ilustración.

Hoy, escribir para la prensa se ha convertido en un riesgo  y en una fiesta, donde la historia menuda es la materia principal para llenar cuartillas emborronando papel y ahora con la pantalla cromática, los sueños inconclusos de una sociedad que quiere restablecer la armonía y la justicia perdida.

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No todo lo que tiene estructura de columna periodística puede ser incluido en sus páginas, salvando la parte y en representación de algunos destacados escritores, que por su preparación intelectual engrandece el oficio, por lo que el valor literario respira por todos los poros. Entre nosotros son memorables los casos de; Arturo Uslar Pietri, Luis Beltrán Guerrero, Ramón Escovar Salom y Mario Briceño Iragorri; quienes destilaron su facundia y belleza en la prosa, y dejarnos verdaderas líneas que reunidas en volumen, son de consulta obligatoria: Pizarrón, Candideces, Ventana de Papel o Tapices de Historia Patria.

Quienes escriben para los periódicos pasan verdaderos suplicios, donde la alteridad y el desdoblamiento son la regla, durante el tiempo que dista entre uno y otro artículo, se está en un limbo, donde a veces no se corre con suerte y no aflora ni una pisca de idea para dejarla plasmada en la columna semanal; después como por arte de magia el duende de la imaginación acude en nuestro auxilio.

La elegancia de la prosa viene dada por la madurez y la preparación intelectual, la cual se acrecienta con el paso de los años, contando con la exigencia de un lector ávido y omnívoro, que reclama permanentemente por el mejor trabajo, una verdadera joya, que vaya directamente a engrosar la rica tradición escrita de la cultura nacional.

En la prosa venezolana se recoge lo más acabado de la producción  del ensayo corto, célebre en Hispanoamérica, por la circunstancia muy especial debido a que los escritores más afamados de la lengua discurren por sus secciones: Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Julián Marías, Simón Alberto Consalvi, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis; y en otro momento de gran brillo lo hicieron: Germán Arciniegas, Joaquín Balaguer, Juan Bosh,  Octavio Paz y Mariano Picón Salas.

El escribir para la prensa ha sido de gran utilidad, para la tradición literaria hispanoamericana: Simón Rodríguez, Juan Germán Rosco, la generación de los proscriptos argentinos: Sarmiento y Mitre a la cabeza, hacían la aclimatación de las ideas en el continente. Nuestro Libertador Simón Bolívar le daba especial interés a la imprenta, de allí que dotó a sus campañas militares y a su función de estadista de un periódico “El Correo del Orinoco”, periódico bilingüe editado en inglés y español, el cual recoge páginas memorables para la historia como “El Discurso de Angostura” Y la Constitución de 1819.

En estos tiempos de censura y ahogo de la disensión, la palabra escrita adquiere un sentido pedagógico, donde las masas atosigadas por el control ideológico de un gigantesco sistema de información, dirigidas por un Ministerio de Propaganda; buscan en el periodismo independiente y comprometido, una ventana para informarse a ciencia cierta de cómo la estructura autoritaria va desmontando las formas democráticas heredadas del siglo XX.

Los periódicos y los consabidos colaboradores y entre ellos los intelectuales, no pueden callar en las actuales circunstancias, hacerlo sería un acto de cobardía y de entrega, al déspota analfabeta, que siempre ha visto en el campo del trabajo de las ideas, la semilla del futuro y el fin de las satrapías; donde anidan los planteamientos que nos lleven a salir del túnel y poder restaurar el antiguo orden sepultado por el avance de las botas.

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5 septiembre 2011 1 05 /09 /septiembre /2011 19:14

La prosa que se viene escribiendo en Venezuela, ya no refleja el cansancio que se observaba antes de la Revolución Bolivariana; ahora el interés de los jóvenes escritores y no tan jóvenes, por un lenguaje nutrido de atavismos y rémoras que yacían en el sótano de la memoria y liberados como por arte de magia; enriquecen día a día  el trabajo de los creadores.

Trabajar la prosa en los actuales momentos, no conlleva a situar al hombre que nos gobierna como figura totémica y paternalicia, más bien se enfoca como problema y los vericuetos en que se traslada al resto de la parafernalia del poder: anécdotas, historias manidas y una épica sin ningún valor, intercalan el imaginario, donde el autor tendrá que bucear en su interés por remendar el caótico escenario que es la vida en este angosto espacio que es  el país problematizado.

Maestros de la narración y de la prosa ensayística mostraron el camino: Salvador Garmendia, Julio Garmendia, Guillermo Meneses; con los ensayistas Juan Liscano, Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Sucre; para confluir en un presente más o menos edulcorado, donde recursos y citas para traer a las luminarias del gusto oficial, hacen del lema “El pueblo es la cultura”, la expresión de cierto socialismo acartonado; aquí, en esa encrucijada se erige un quehacer “como clandestino” que insurge y que poco a poco se abre paso, consiguiendo reconocimiento de los lectores y la critica disidente. Teódulo López Meléndez, Juan Páez Ávila, Miguel Prado, Gilberto Abril Rojas, Juandemaro Querales, Leonardo Pereira Meléndez; van estructurando una visión del arte de escribir que da cuenta de este amasijo de corrientes estereotipadas pasadas de moda, que puede ser el chavismo.

Escribir por ahora se ha convertido en un oficio difícil, por el grado de confrontación, donde el llamado arte oficial se vale de todos sus recursos y poder para acallar las voces disidentes, sin embargo nuestros representantes han buscado el reconocimiento en el exterior, que no les ha sido difícil, multiplicándose la creación de textos de ficción, de interpretación de las mil caras del autoritarismo, aprovechándose los pocos espacios que todavía subsisten en periódicos y revistas, iniciativas editoriales, en universidades y ateneos, casas de la cultura, que todavía no han caído en las botas de la barbarie.

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Para Juan Páez Ávila en su novela: ”Crónica de una Utopía”, la claque que nos gobierna hizo sus primeras incursiones políticas en la vieja izquierda de los años sesenta, sobrevivientes de la lucha armada al estilo cubano, refugiándose en las Universidades autónomas como la UCV; para después aparecer en los llamados frentes progresistas como las “chiripas” de Rafael Caldera, prestando sus “cuadros” talentosos para ir a ocupar algunos cargos burocráticos, con lo que inician una alianza con oficiales del ejército, una carrera instantánea por la administración pública para abarrotarse los bolsillos, validos por un régimen complaciente con la corrupción, pasando de seguidas a engrosar la llamada boliburguesìa.

Leonardo Pereira Meléndez, en su primera novela “Cementerio de voces”, hace recaer en una familia todos los enredos que confluyen en una sociedad como la venezolana, donde la justicia ha sido confiscada y en su lugar han dejado aposentarse pillos y jueces inescrupulosos, más una directriz del gobierno, quien considera a los delincuentes aliados tácticos, para amedrentar y exterminar  de la mano de estas bestias a la otrora clase media y pequeña burguesía pueblerina. De este dolor de ver caer a su parentela, sujetos obedientes al pacto social, y enamorados del ambiente pastoril que se respiraba, hasta que llegaron los hombres de uniforme.

La prosa periodística integrada por artículos de fondo, los cuales tratan de buscar respuestas en el pensamiento académico, a este trasplante autoritario con visos de estalinismo soviético a lo caribeño, se hace gran parte del juicio diario, para descorrer la noche totalitaria y refundar nuevamente la normalidad perdida, aunque haya que emplear muchos años en volver a rescatar un país sumido en la miseria, porque la actual avanzada militar destruyó  su base material y su principal industria: la petrolera.

La prosa y la narrativa viven momentos estelares, pese a la ocupación del país, no basta el control ideológico para paralizar de miedo a las almas, estos verdugos no saben la fuerza interna que han liberado, que se expresa en creaciones que surgen diariamente en la tradicional imprenta, y en las redes de la telemática, esto nos permite avizorar tiempos mejores, en que no haya que hacer un análisis sumarial como el que hago para hablar de literatura.

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18 agosto 2011 4 18 /08 /agosto /2011 22:42

GENTE.jpgLa segunda entrega de su marco novelístico: Francisco Helí Ramírez Fonseca: Colombia: “Sin cuenta y uno”. Colección Bicentenario. Boyacá. 2011. Sorprende con un relato mosaico donde el objeto del lenguaje decantado es la Colombia del futuro, de los próximos cincuenta años; a lo Aldo Huxley de “Un Mundo feliz”, o mejor el consabido George Orwell de “1994”.

El novelista no se para en mientes y empieza a girar la pesada noria de la imaginación, de una historia aluvional, con aristas en su factura, explayada allí en el artefacto estético con ayuda de los medios de comunicación, para buscar en el lector, un estado catatónico, que lo paraliza y  lo introduce en el serial.

Son las sagas fáciles del Hollywood de las historietas del comic, galería de superhéroes masificados, para hacer uso de la inmensa panoplia de la tecnología de los juegos de computadora; ludopatía asumida por un lector vidente, quien no ve cambio alguno, entre una grafía construida en el universo “gutemberiano” y el virtualismo del 3D, donde la mujer maravilla y el capitán América, recrean una caricatura de Amparo Grisales, siempre en un escenario fijo de matones y mafiosos, tuteladas con la deidad más grande de los alcaloides: Pablo Escobar en su reino de “Nunca Jamás” en el suburbio  medellinezco de “El envigado”.

Melitón, nombre manoseado de anti-héroe, situado en un mundo fronterizo del Borderline. USA y la Colombia que representa al Puerto Rico de tierra firme, en la ficción el estado número 54, como producto de un referéndum  anexionista, Estado libre asociado, donde los aborígenes siguen viviendo su pesadilla, mientras el poder político está situado en Bogotá debido a su interés Bradburiano y la firme creencia de  poder reescriturar “América” de Frank Kafka.

Colombia Sin cuenta y Uno es una excelente novela, que atrae al lector al no más abrir el primer capítulo, una sensación de alarde de tecniquerías se nos fija en la mente; muy por encima de “Churumbela” relato lineal traspasado por historia de licántropos. La novela futura del continente está allí: Melitón, vislumbraría en la guerra del golfo, rey Elvis de  los casinos de Las Vegas, para después retirarse ya viejo en esos andurriales, que son las periferias del llamado mundo ligero y virtualizado, para repartir una inmensa fortuna producto del juego y de soldado mercenario en obras filantrópicas, que sorprenden por su simpleza y anti-historia, donación de viviendas y canchas de futbol para los desarrapados y surja de allí un “Higuita” de la selección nacional y gloria olímpica del futbol que alcanzaron ir a un mundial.

El alarde de técnicas de Ramírez Fonseca en esta obra mayor, le va a permitir emplear los recursos de la transversalidad, para combinar desde una obra de teatro, hasta incluir una salmo al estilo de un tele evangelista, del llamado cinturón bíblico del medio-oeste americano, en la Colombia de fecha incierta, más pendiente de una letra de Vallenato  o la muestra caderica de Carlos Vives, que subyace en las páginas de esta parodia, anunciando, no ya los placeres himeneos de mestizos o goajiros, sino el milenarismo de lluvias acidas y tormentas eléctricas.

Melitón, el personaje proteico de Francisco Ramírez Fonseca, viene a encarnar a un Ulises moderno, quien  pretende realizar una larga travesía o viaje homérico que lo lleva de la tierra prometida o la quimera del norte, para después emprender el regreso al punto de partida, anunciando de seguidas la buena nueva de la redención, a través de un Moisés que ha predicado todas las transformaciones del American Way of Life. Marine, sudaca, corredor de bolsa, jugador de soccer, filántropo en tierras ignotas y desconocidas, o punto de partida de toda esta trama donde un pequeño Puerto Rico o Canal Zone, se instaura entre McDonald y la V flota del Atlántico Sur, Melitón acepta la inversión a través de la imagen y el común, participando de las bondades del serial y la opacidad del rebaño.

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18 agosto 2011 4 18 /08 /agosto /2011 22:37

Reflexionar sobre la vieja práctica de escoger la lengua escrita, para construir un orbe mítico, donde pueda  uno congraciarse con una realidad, ya de por sí evasiva y áspera, es un oficio de  Sísifo.

En una sociedad como la nuestra, marcada por una inestabilidad política y social desde su nacimiento como Estado, Venezuela ha disfrutado de cortos espacios de estabilidad, condición universal para que madure en cierto número de almas la vocación, para que recorran el difícil camino de la creación, dejando de este modo abundantes testimonios de los referentes culturales, consignados en los códigos lingüísticos, e ir enriqueciendo nuestro acervo cultural universal.

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Enseñar literatura es un oficio plausible -que busca generar en el interesado- un entusiasmo que le permita tomar este saber metalingüístico y metapoético con gran rigor, hundiéndose en las montañas de textos escritos, los cuales constituyen los insumos principales del oficio; abundantes lecturas que hay que comenzar a hacer y nunca postergarlas, para evitar el anquilosamiento y la debilidad de los materiales salidos del ingenio de su talento.

En el pasado se habló de los Talleres de Expresión Literaria, como una manera de formar escritores, sofisma o artificio manejado por algunos vividores del oficio de escritor; en su lugar este vacío se debe llenar con las técnicas del seminario, el simposio o la mesa redonda, asignando más tiempo al análisis literario que a la lectura de textos elaborados en la rutina escolar.

Un espacio como el señalado, debe privilegiar a escritores hispanoamericanos como: Jorge Luis Borges, Cesar Vallejo, Octavio Paz, Carlos Germán Belli, en poesía; narradores de la dimensión de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Augusto Monterroso; y ensayistas como Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas, el mismo Octavio Paz y Carlos Monsiváis. Con esta lista apretadísima de escritores daremos un gran paso hacia la consagración del oficiante de la lengua.

La rutina de la mesa diletante puede emplear de 2 a 4 horas semanales, distribuyendo el tiempo en partes iguales, para teoría literaria y lecturas de textos, traídos como tarea por los participantes. Es una vieja conseja el de no abrumar a los miembros de la logia, con críticas descalificadoras, tampoco aceptar como logro un texto o poema hecho sin el rigor del oficio escriturario.

Para un escritor es fundamental ver el producto de su trabajo publicado, ahora con la virtualidad es más fácil mantener un blog para incluir textos y poemas; también  proponerse enviar colaboraciones para las innumerables páginas dedicadas a los nuevos escritores. Mantener una producción permanente, sin mucho alarde  y evitando por todos los medios repetir figuras manidas, permite sostener el interés de un público ávido por conocer lo que se viene haciendo en nuestra lengua.

Hay movimientos en el terreno de nuestra narrativa, que deben ser materia a tratar en estas congregaciones de fabuladores: el tránsito a la virtualidad, el fin de la modernidad, la suplantación del libro impreso por la pantalla cromática, el uso extendido de las redes sociales y los 144 caracteres, que ha originado una revolución en todos los campos, privilegiando el discurso escrito, tratados a profundidad de modo de no ser rebasados por la brutalidad de los cambios.

El transito acelerado con que se están dando los cambios de modelos políticos en nuestro país, ha traído anomia e incertidumbre, que vistos de forma conservadora pueden desencadenar estallidos sociales de grandes proporciones, y poner en peligro la posibilidad de reconstruir los cimientos socavados de una institucionalidad formal; tan terrible fractura es el marco referencial con que cuentan los escritores que se acercan a esta “misa en escena” de iniciados.

Agosto de 2011

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7 julio 2011 4 07 /07 /julio /2011 00:03

La llegada al poder del MVR-200 y su candidato Hugo Chávez Frías en el año de 1998, abrió el camino para dinamitar todo el decorado superestructural y sustituirlo por una nueva significación; novedoso o anacrónico -todavía se discute- la antigua sociedad ve cómo muchas de sus creencias se han caído al suelo; de esto trata la última novela del escritor caroreño: Juan Páez Ávila: “Crónica de una Utopía”. Maltiempo editores. Caracas. 2011.

Se habla insistentemente en los cenáculos intelectuales, de abordar el tiempo cronológico, para ir incorporando todo un imaginario que tiene en ideologías totalitarias, su fuente nutricia. El bolivarianismo de factura chavista, ha rebautizado el universo venezolano, con un lenguaje cargado de cartillas ideológicas, en especial el marxismo soviético, combinado con lemas, estribillos, batiburrillos y barbarismo, como aportes de Hugo Chávez en su transfigurador papel de gran comunicador. Literatura que apenas rozó la  piel de un sistema de códigos del habla popular, que no pasó de la inclinación por la moda y la identificación por los deportes de factura norteamericana de la plebe y la serializaciòn del rebaño.

Páez Ávila cae en la trampa de los magos de ocasión y decide emprender el reto de la fabula chavista, y comienza un recorrido que lo llevará a dejar consignado su ociosidad de escribidor en tres volúmenes; trilogía que solo el viejo Uslar Pietri tuvo el descaro de acometer a fin de retratar la sociedad venezolana después de la segunda guerra mundial, intento fallido y de eso solo nos dejó “Un Retrato en la geografía” de su vitriólica “Laberinto de la Fortuna”.

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Para el autor de: “Chío Zubillaga: Caroreño Universal”, la fauna que origina el fenómeno de la corrupción y el militarismo es fácilmente caricaturizable, con solo vestir al sujeto despreciable de códigos anticuados, etiquetas que varían desde llamarlo revolucionario, patriota o lancero, adornándolo con semantemas propios de productos de fina elaboración, emergencia que adquirió un país que ha sacrificado su base material, y asigna sus grandes recursos en dólares para traer basura con que ensuciar sus ciudades y los escenarios naturales.

Mafiosos, traficantes de la política, dinosaurios del marxismo, más la mercancía fidelista de los campos de concentración; desembarcan en nuestras costas por obra y gracia de unos nimbados, que juraron ante un árbol seco de Samán, y tuvieron la desfachatez de unir en un mismo saco a la civilidad y al militarismo, unido a prejuicios sociales y de acumulación material, para obtener como resultado un monstruo de mil cabezas, llamado el pueblo rojo-rojito, que hoy amenaza  con barrer los cimientos de aquella República estructurada por el mestizo de mala raza Juan Germán Roscio.

El autor de cuentos sobre el desierto que tienen como protagonistas a campesinos enfermos de la novedad del maquinismo, artificio que en la novela de los cronistas de lo imposible, los confunde hasta su desaparición, con universales trajinados, abandonados como: progreso, confort, técnica y explosión de riquezas.

Me solidarizo con el sofisma de Páez Ávila de creer que de las viejas mesnadas de hombres de a machete, puede surgir un diluvio o un recomienzo; es una bagatela, basta ver hasta dónde han llegado la logia civil llamada en la novela “los autonomistas”, o generación boba según los definiera el psiquiatra y exrector Edmundo Chirinos; especie antediluviana de gobernantes ladrones sin escrúpulos que han hecho de la adulación al déspota, un oficio envilecedor , solo para provocar una anomia y sacar los dineros públicos para los paraísos fiscales.

Estamos lejos todavía de haber originado un lenguaje universal de nuestra tragedia, como el “odrismo” y el “trujillismo” en Vargas Llosa, o el “peronismo” en Tomás Eloy Martínez; o el “Estradismo-Cabrerismo” de “Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, o el “Somocismo” en los Salmos de Ernesto Cardenal; no hay tal gramática, lo que no sabe el autor celebrado es que la mal llamada revolución chavista, como en todo ejercicio literario, que pasa por las coordenadas de nuestros periódicos, revistas y la virtualidad, aquí precisamente en esos cabos sueltos del relato río, está  de cuerpo entero el ”falso profeta” que cohijaron nuestros políticos de fin de siglo.

Junio de 2011

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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14 junio 2011 2 14 /06 /junio /2011 14:31

Para Alfredo Ramos Jiménez, director del Instituto de Estudios Políticos de la ULA, el gobierno lo que busca es desmantelar las universidades. El cerco económico, el desprestigio a las autoridades de las Universidades autónomas, y la intención de imponer una Ley retrograda; configura un cuadro desolador que persigue someter a esta parte de la escuela, transformándola en un instrumento dócil donde impere el pensamiento único y sea un brazo de su partido fanatizado.

 

Después de la última huelga de hambre mantenida por los estudiantes, durante más de treinta días, el gobierno de Hugo Chávez  decidió  aceptar discutir las condiciones salariales, el aumento de las becas estudiantiles, la dotación de autobuses, la mejora y aumento del número de comedores, para lo cual la Ministra Yadira Córdova propició la formación de mesas de trabajo, donde el Ministerio de Educación Universitaria se iba a poner de acuerdo con los Vicerrectores administrativos, para saber el monto exacto  del pago por homologación, pago de aportes a los seguros colectivos, intereses sobre pasivos laborales, jubilaciones, exigencias estudiantiles, con la promesa firme del gobierno de asumir estos compromisos.

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Las mesas de trabajo sesionaron durante dos meses con los representantes del gobierno , encabezado por el Viceministro Jeison Guzmán, acordándose en casi todas las materias, sobrevino la ruptura y es el momento en que Hugo Chávez y su Ministra Yadira Córdova , hacen público el aumento unilateral de 40 por ciento, faltando a su compromiso cuando se levantó la huelga de honrar los compromisos salariales y reivindicativos. Al  usar el manido procedimiento del decreto presidencial en vísperas del 1 de mayo, sentencia a este sector tan importante  a seguir en la miseria, por lo insuficiente del aumento, que no cubre las necesidades de los trabajadores y viola la constitución al obviar los contratos colectivos.

Para un gobierno de corte totalitario, reducir a cero la Universidad venezolana, ha sido una política sistemática y para ello ha diseñado un plan que terminaría con la aprobación de una Ley de Educación Universitaria, donde se vulnere antiguas conquistas y se elimine la autonomía, convirtiéndola en un instrumento de control ideológico, desterrando la libertad de cátedra y la pluralidad de saberes. Este macabro diseño casi lo logran cuando aprueban la Ley de Educación Universitaria de manera sorpresiva la noche del 23 de diciembre del 2011, y que rechazó de manera unánime la comunidad universitaria, Chávez y sus compinches recogen y archivan esta bazofia a la espera de otra coyuntura.

 

El odio que el gobierno rojo-rojito le tiene a este sector de la docencia, se ha expresado de diversos modos, uno de ellos el más vistoso, es el del sistema paralelo creado en los últimos años, reuniendo la UBV, UNEFA, Alma Mater, más las universidades y tecnológicos en manos del gobierno, estructura que vulnera todo tipo de principios democráticos, como elección de autoridades, realización de concursos para el personal docente, salarios acordes  con las normas de homologación, cuestión que los voceros del gobierno le reclaman a las universidades nacionales.

 

Consumada la burla al sector universitario al faltar a sus compromisos, el grupo que integra Yadira Córdova, Héctor Navarro, Nelson Merentes, Aristóbulo Isturis, Elías Jaua, a la Universidad autónoma no le queda otro camino sino el de la calle nuevamente, arreciando las movilizaciones y la denuncia, con la amenaza cierta de la paralización de este importante nivel educativo, hasta que el gobierno ceda a las exigencias salariales, permeable a las presiones por estar inmerso en una campaña electoral, de manera  que si insiste en su intransigencia, puede provocar la hora cero, medida extrema contra un gobierno que ve a la academia como enemiga a la que hay que exterminarla.

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