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1 mayo 2014 4 01 /05 /mayo /2014 18:08

Por: Juandemaro Querales


Mi amistad con Juan Páez Ávila data desde los lejanos años ochenta del Siglo XX, cuando el escritor tórrense empieza a despuntar como uno de los mas solido narrador con que cuenta el país. Venía de ganar el galardón más importante de la cuentistica nacional, el Premio de cuentos de El Diario El Nacional con Atarigua 3, llevado al cine por el cineasta Rafael Straga.

Es un narrador de tramo largo, de su lejana novela “La Otra Banda”, obra que analiza el fenómeno del latifundio y las relaciones enfeudadas  que aún subsisten en el campo caroreño. Nos ha ido entregando poco a poco unas sagas que van ocupando todos los espacios abiertos, por las transiciones permanentes a que ha sido soJUAN-copia-3.jpgmetida la sociedad venezolana en su conjunto.

Capítulo aparte constituye sus ensayos novelados sobre personajes destacados de esa porción geográfica del Estado Lara. Mención especial merece Cecilio Zubillaga Perera, la Voz del Común como lo llamara Guillermo Morón en palabras de admiración y de discípulo agradecido. Para el escritor de San Antonio aldea de San Francisco, Chío Zubillaga es el punto omega de la actividad literaria de generaciones formidables que tienen a Carora, como una Alejandría en el concierto latinoamericano de las letras.

Siguen en orden en su orbe cerrado de nuestro Stefan Zweig: Alirio Díaz, Rodrigo Riera, Alí Lameda; rigor, disciplina y talento convierten a Páez Ávila en un escritor importante de fines de siglo y en el nuevo milenio. Tiene aliento para seguir explorando las metamorfosis de una sociedad minera en franca disolución y anomia, amenazada por autoritarismos militaristas  de estereotipo marxista de la época de la guerra fría.

Páez Ávila es un escritor ambicioso cuyo proyecto literario, pasa por indagar en los atavismos que nos socavan como pueblo: el igualitarismo, racismo, lo lúdico y la anarquía, resumida en una concepción tenebrosa del fatalismo y el escepticismo, para hacer un alto en la visión de la precariedad de cierto socialismo denominado como del siglo XXI.

Su exploración de la subsistencia del feudalismo y su carta de presentación más evidente el latifundismo. Se cambia como arte de birbirloque para desdoblarse y adoptar las mascaras griegas de la comedia, como Sófocles y Esquilo para traernos el Arlequín de ejecutivo de PDVSA, el sindicalero adeco  o el repudiado golpista del 4 de febrero, o el Dinosaurio de la izquierda insurreccional de los años sesenta. “Hombre de Petróleo” novela arquetípica de una sociedad disuelta hace mucho.

Para mi gusto de lector fijo de todo lo que escribe Páez Ávila, “Coroneles de Carahoana” es el de la fabula del hombre fuerte y mesiánico, que cada cierto tiempo regresa del fondo de nuestra alma lacerada, para atormentarnos y parar la noria de nuestra historia de golpes y correrías. En fechas claves para nuestra historiografía oficial las monta el narrador en forma de palimpsesto como excusa y permiten que tomen la palabra el coro griego. Es el padre Sierralta, el doctor Ibarra o una Lina Ron, y al autor que mediante las mudas es a la vez el fino periodista o el modernizador Chío Zubillaga.

Abril de 2014

 

 

 

 

 

 

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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