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11 octubre 2011 2 11 /10 /octubre /2011 17:09

El espectáculo macabro de los últimos días, mostrado por unas éLA-MUERTE.jpglites políticas, sin ningún tipo de creatividad, es sintomático sobre el grado de descomposición moral, que presenta  nuestra sociedad. El velorio de Carlos Andrés Pérez, en diferido, y la enfermedad de Hugo Chávez, ocupan los gustos sarcofàgicos de una fauna que no termina de extinguirse.

El ex gobernante Carlos Andrés Pérez, el mismo que usó el eslogan de campaña “ese hombre si camina”, parece como si se resiste a descansar en paz; sus seguidores, verdaderas hienas de sus despojos, lo mantuvieron momificado en una cripta de un cementerio del sur de la Florida, esperando que se diera la ocasión, para montar un circo tanático, cuyo interés electorero debería capitalizarlo los inefables: Henry Ramos Allup y Antonio Ledezma, albacea a última hora del líder socialdemócrata.

Entre el cáncer de Hugo Chávez y la momia de Carlos Andrés Pérez, hay muchas coincidencias, la más resaltante consiste en mantener a los venezolanos en vilo, hacerlos depender de los dictados sobrenaturales, de la muerte próxima; para Hugo Chávez y Carlos Andrés Pérez en su necro-imaginario se puede seguir influyendo en política desde el más allá, como correspondía a los viejos faraones del Egipto antiguo, guiados por las directrices del Libro de los muertos.

La inmortalidad de CAP y la próxima de Hugo Chávez, serían los requisitos ineludibles que la nueva iglesia reclama de sus acólitos; un corrupto de marca mayor y otro que insurgió contra los vicios del líder adeco, ahora compite por el primer lugar de ineficiencia, corrupción y complicidad, son características del santo de moda.

Las sociedades viven cada cierto tiempo de su historia, una inclinación tanática, buscan suicidarse, no importa qué movimientos, líderes de gran peso intelectual que razonen en contrario, una inercia newtoniana las arrastra a la tragedia y con ello a desaparecer en el estercolero donde la historia espera a los sonámbulos de siempre.

La enfermedad de vacío que caracteriza a la sociedad venezolana actual, la lleva a buscar en los mitos sofoclianos como el de Antígona, respuestas al quiebre que significa convocar a los muertos, de manera de hacerlos hablar y cómplices de los delirios frecuentes, de los atávicos gobernantes, tanto del pasado como los del presente. Malos tiempos se ven venir, si los dueños del poder fracasados o por fracasar, se dan en charlas con los ausentes, como el Hamlet, mezclándolo en las intrigas palaciegas, usadas en su desespero por la espalda que les dan las masas, desencantadas, cansadas de estos líderes providenciales.

CAP no ha debido prolongar tanto su muerte por olvido, la momia velada en la casa sindical de AD en el Paraíso, correrá la misma suerte que el gran jefe liberal del siglo XIX Tomás Lander, quien después de permanecer veinte años en su sala de estudio, como objeto decorativo y contertulio de palo de las visitas, finalmente se le dio cristiana sepultura; obra del taxidermista Dr. Khoch, responsable de las momias del Ávila; ocultadas a los ojos del público, por los espesos bosques del cerro, hasta que la ciudad en su crecimiento desmedido, profanó la casa-mausoleo, sus momias tiradas y destruidas en el follaje tragadas por la indolencia. La historia es así de cruel, por más que usted quiera congelarlo en una funeraria y esperar un auge de masas, para sacarle proventos electorales; recomendamos a aquellos aprendices de brujo, que no deben olvidar esta vieja conseja marxista, y es que la historia ha regresado como tragedia.

Octubre de 2011

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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