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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 14:10

Al celebrarse los 53 años de la caída de Marcos Pérez Jiménez, las tendencias políticas en las que se reparte el gusto de los venezolanos, se han trenzado en una dura discusión sobre el sentido de tan memorable fecha.

Para el chavismo gobernante esta fecha es un verdadero dolor de cabeza, según el evento electoral más próximo: la condena o aceptación de esta década militarista, mueve la balanza teniendo especial cuidado en no herir la susceptibilidad del líder de la revolución.

En la presente coyuntura donde se ha asociado al gobierno con prácticas autoritarias; el polo democrático ha insistido en la dirección militar y despótica encabezada por el “modernizador” de Michelena. Los meses finales del chavismo caracterizados por su identificación abierta con el autoritarismo castrense, tendrá que pagar un alto costo en las urnas y sumémosle a ésto la radicalización del modelo en la última navidad.

Reivindicar a Pérez Jiménez -para ponerlo al servicio- del militarismo imperante no dará los frutos deseados; esta sociedad si bien tiene un poderoso substrato antropológico de la Venezuela Feudal, el período posterior a Gómez fue de modernización acelerada, hasta casi completar el modelo industrial, cuestión que evitará una vuelta al caciquismo tribal del llano; Pérez Jiménez -es el hombre fuerte- de las grandes obras faraónicas: hasta allí.

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Están frescas  las afirmaciones de Hugo Chávez según su concepto: “Pérez Jiménez ha sido el mejor gobernante de Venezuela”, tomando partido por su antecesor militar, restando importancia a los grandes logros del país, como producto del esfuerzo civilista, negando mesquinamente los cincuenta años de Democracia Representativa en el siglo XX. Afirmaciones que no molestaron a su aliado del polo revolucionario: el PCV, quienes guardaron silencio con tal no perder los privilegios que a cuenta gotas el jefe indiscutido les ha dado.

Algo parecido ocurrió en esta nueva fecha aniversario, los corifeos del gobierno con su estructura mediática han querido ver en el Golpe del 23 de enero del año 1958, una etapa pre-revolucionaria donde unos adecos oportunistas, cureros copeyanos y chulos urredistas, robaron la voluntad mayoritaria de los venezolanos por vivir en un ambiente de democracia, traicionando nuevamente ese sentimiento expresado en la exclusión de los comunistas.

Este truco publicitario pretende escudarse en la historia gloriosa del PCV, en su lucha de la resistencia contra la dictadura del general Marcos Evangelista Pérez Jiménez; coincidiendo tácticamente con los adecos, superiores en muchos aspectos por su tránsito por el poder y el mensaje socialdemócrata que habían trazado sus dirigentes, coincidiendo con la separación que en la práctica se vivió en la izquierda después de la segunda guerra mundial, por lo que en la acera de enfrente estaba situada la izquierda estalinista de la Internacional soviética.

Las viudas de la dictadura se mostraron de cuerpo completo, con un discurso ambiguo, de subestimar a las masas , con el único propósito de restarle importancia a los funerales de Carlos Andrés Pérez, recientemente fallecido, quien se va al más allá en el momento en que el chavismo se desintegra aceleradamente, torpemente por su manía de idenficar a CAP con ese galimatías de la IV República; han conseguido lo contrario como es traer de regreso al “hombre que camina y da la cara”, con lo que se antepone a un Chávez soberbio y corrupto, antiguas banderas que lo habían catapultado a la fama, al insurgir el 4 de febrero contra el sistema democrático en un momento en que el hijo ilustre de Rubio gobernaba.

El movimiento del 23 de enero del 58, es una insurrección popular que corrige el rumbo que se perdió en diciembre del 48, al deponer por las armas al maestro Rómulo Gallegos. Instalado el modelo demo-parlamentario de seguidas las masas fueron dejadas a un lado, y los políticos de oficio volvieron a sus antiguas practicas del burocratismo y la componenda con grupos de presión económica, basados para ello en una superestructura ideológica que les dio plataformas como el Pacto de Punto Fijo y la Constitución de 1961, estos cogollos se conformaron con hacer creer al pueblo que tenía la soberanía cada cinco años, abandonándolos a su suerte como siempre ha sido desde la firma del Tratado de Coche en 1863, urdido por el inefable Antonio Guzmán Blanco. Tomando en cuenta que la historia no es circular, el error del autoritarismo militar actual  no hay que verlo como un retroceso, sino como una lección dura, donde el pueblo lentamente está volviendo al protagonismo anterior a la gloriosa Constitución de 1864.                                                                                                

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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