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23 junio 2012 6 23 /06 /junio /2012 00:45

PRESOS.jpgPor: Juandemaro Querales

La crisis carcelaria en nuestro país es noticia mundial, el grado de organización y bestialismo de sus prácticas para llamar la atención, revelan el reacomodo del poder político, la ferocidad de un despotismo y una zona gris, que es determinante a la hora de planificar el futuro de una anómica sociedad.

La población carcelaria venezolana se compone de 30 mil reos, distribuidos en 28 penales, constituyendo una de las muestras menos numerosas de la región, de manera que sorprende, como este escenario se ha transformado en un verdadero polvorín, donde conviven presos comunes, narcotraficantes, jefes de carteles, cuyos hilos se extienden por toda la sociedad, haciendo inviable el actual modelo híbrido seudodemocrático militarista.

Organizados de manera piramidal, la delincuencia que pulula en estos antros, ha estereotipado el modelo de los “maras salvatuchas” de Centroamérica, caracterizada por su maldad y su asociación con los carteles de la droga mexicanos y colombianos. En el organigrama observamos que a la cabeza de la organización criminal se encuentra el Pran, máxima autoridad de cada penal, secundado por los Luceros de extracción cristiana protestante, son los enlaces entre jueces y algunos políticos corruptos , también miembros de nuestras fuerzas armadas; después siguen unos anillos de seguridad, en la base de la pirámide las fuerzas de tareas, verdaderos batallones que imponen el dominio en los diversos pabellones, cuentan con un arsenal sofisticado, matan sin piedad por la posesión de los espacios tanto adentro como en la calle, para controlar la distribución de drogas, el secuestro y el sicariato.

Lo que vimos los venezolanos durante estos últimos días en la Penitenciaria  caraqueña conocida como la Planta, es la evidencia más cruda de la postración de un Estado, paralizado por la corrupción de algunos integrantes del alto gobierno. La impunidad con que actúan estas organizaciones de criminales, quienes agarraron el mando en los penales, y para ello desplazaron a sus carceleros para dirigir desde allí el suculento negocio del narcotráfico y los crímenes colaterales, paisaje cotidiano que se observa en todo el país , forajidos envalentonados porque saben que no van a ser juzgados y menos castigados.

En el Centro de Reeducación y Trabajo Artesanal de el Paraíso, conocido como la Planta, estalló un conflicto de intereses de la misma dimensión del Rodeo I y Rodeo II en Guatire, hace un año; donde los presos dirigidos por el Pran máximo Yorvit Valentino López, conocido como “Oriente”, puso en jaque a un ejército, revuelta que durante un mes colocó en tela de juicio la capacidad del gobierno y la Fuerza Armada, para evitar cualquier brote de anarquía; situación que terminó después de arduas negociaciones, donde no hubo rendición ya que el Pran y sus Luceros lograron escapar en las narices de las Fuerzas de seguridad. Tiempo después uno de los Luceros del Pran “Oriente” Robert Suárez “el Chingo”, asume como Pran máximo  la dirección de la revuelta en el penal capitalino. Conflicto que se inicia con la protesta de los familiares, quienes se negaban a salir del penal al término de la visita de los fines de semana, a fin de evitar el traslado de sus familiares presos a otros penales de la República.

El clima de guerra que se vivió durante 27 días  en la populosa parroquia caraqueña de el Paraíso, a pocas cuadras del Comando General de la Guardia Nacional y del CORE 5, sembró de heridos y muertos a los habitantes de esa parte de la ciudad; guerra desigual donde unos presos y sus colectivos llenaron la ciudad de plomo y pólvora, haciendo uso de armamento pesado como: FAL, AK-103, granadas, bombas lacrimógenas, resistiendo como unos numantinos cualquiera al asedio de militares probados , como cualquier teatro de guerra se desplegaron soldados en traje de fajina, tanques blindados y francotiradores apostados en las azoteas de los edificios cercanos, en las copas de los árboles, adornando el paisaje integrado por puentes, distribuidores de la autopista, torres almenadas, y para completar el decorado goyesco humildes familiares durmiendo a la intemperie, recibiendo lluvias torrenciales, gases lacrimógenos y peinillazos.

Los Pranes y sus planes por negociar sus espacios ganados en la zona gris, definición adoptada por Rigoberto Lanz  para comprender el fenómeno del poder, seguirá armando trifulcas y rebeliones en cada uno de los penales nacionales, mientras este Estado paquidérmico y centralista empleará a fondo alguna Iris Varela, quien seducirá a los metecos una y otra vez encandilándolos con el espejito de la libertad, aunque para ello tenga que violar la Constitución y las Leyes.

 

Mayo de 2012

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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