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7 julio 2011 4 07 /07 /julio /2011 00:03

La llegada al poder del MVR-200 y su candidato Hugo Chávez Frías en el año de 1998, abrió el camino para dinamitar todo el decorado superestructural y sustituirlo por una nueva significación; novedoso o anacrónico -todavía se discute- la antigua sociedad ve cómo muchas de sus creencias se han caído al suelo; de esto trata la última novela del escritor caroreño: Juan Páez Ávila: “Crónica de una Utopía”. Maltiempo editores. Caracas. 2011.

Se habla insistentemente en los cenáculos intelectuales, de abordar el tiempo cronológico, para ir incorporando todo un imaginario que tiene en ideologías totalitarias, su fuente nutricia. El bolivarianismo de factura chavista, ha rebautizado el universo venezolano, con un lenguaje cargado de cartillas ideológicas, en especial el marxismo soviético, combinado con lemas, estribillos, batiburrillos y barbarismo, como aportes de Hugo Chávez en su transfigurador papel de gran comunicador. Literatura que apenas rozó la  piel de un sistema de códigos del habla popular, que no pasó de la inclinación por la moda y la identificación por los deportes de factura norteamericana de la plebe y la serializaciòn del rebaño.

Páez Ávila cae en la trampa de los magos de ocasión y decide emprender el reto de la fabula chavista, y comienza un recorrido que lo llevará a dejar consignado su ociosidad de escribidor en tres volúmenes; trilogía que solo el viejo Uslar Pietri tuvo el descaro de acometer a fin de retratar la sociedad venezolana después de la segunda guerra mundial, intento fallido y de eso solo nos dejó “Un Retrato en la geografía” de su vitriólica “Laberinto de la Fortuna”.

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Para el autor de: “Chío Zubillaga: Caroreño Universal”, la fauna que origina el fenómeno de la corrupción y el militarismo es fácilmente caricaturizable, con solo vestir al sujeto despreciable de códigos anticuados, etiquetas que varían desde llamarlo revolucionario, patriota o lancero, adornándolo con semantemas propios de productos de fina elaboración, emergencia que adquirió un país que ha sacrificado su base material, y asigna sus grandes recursos en dólares para traer basura con que ensuciar sus ciudades y los escenarios naturales.

Mafiosos, traficantes de la política, dinosaurios del marxismo, más la mercancía fidelista de los campos de concentración; desembarcan en nuestras costas por obra y gracia de unos nimbados, que juraron ante un árbol seco de Samán, y tuvieron la desfachatez de unir en un mismo saco a la civilidad y al militarismo, unido a prejuicios sociales y de acumulación material, para obtener como resultado un monstruo de mil cabezas, llamado el pueblo rojo-rojito, que hoy amenaza  con barrer los cimientos de aquella República estructurada por el mestizo de mala raza Juan Germán Roscio.

El autor de cuentos sobre el desierto que tienen como protagonistas a campesinos enfermos de la novedad del maquinismo, artificio que en la novela de los cronistas de lo imposible, los confunde hasta su desaparición, con universales trajinados, abandonados como: progreso, confort, técnica y explosión de riquezas.

Me solidarizo con el sofisma de Páez Ávila de creer que de las viejas mesnadas de hombres de a machete, puede surgir un diluvio o un recomienzo; es una bagatela, basta ver hasta dónde han llegado la logia civil llamada en la novela “los autonomistas”, o generación boba según los definiera el psiquiatra y exrector Edmundo Chirinos; especie antediluviana de gobernantes ladrones sin escrúpulos que han hecho de la adulación al déspota, un oficio envilecedor , solo para provocar una anomia y sacar los dineros públicos para los paraísos fiscales.

Estamos lejos todavía de haber originado un lenguaje universal de nuestra tragedia, como el “odrismo” y el “trujillismo” en Vargas Llosa, o el “peronismo” en Tomás Eloy Martínez; o el “Estradismo-Cabrerismo” de “Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, o el “Somocismo” en los Salmos de Ernesto Cardenal; no hay tal gramática, lo que no sabe el autor celebrado es que la mal llamada revolución chavista, como en todo ejercicio literario, que pasa por las coordenadas de nuestros periódicos, revistas y la virtualidad, aquí precisamente en esos cabos sueltos del relato río, está  de cuerpo entero el ”falso profeta” que cohijaron nuestros políticos de fin de siglo.

Junio de 2011

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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