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5 septiembre 2011 1 05 /09 /septiembre /2011 19:14

La prosa que se viene escribiendo en Venezuela, ya no refleja el cansancio que se observaba antes de la Revolución Bolivariana; ahora el interés de los jóvenes escritores y no tan jóvenes, por un lenguaje nutrido de atavismos y rémoras que yacían en el sótano de la memoria y liberados como por arte de magia; enriquecen día a día  el trabajo de los creadores.

Trabajar la prosa en los actuales momentos, no conlleva a situar al hombre que nos gobierna como figura totémica y paternalicia, más bien se enfoca como problema y los vericuetos en que se traslada al resto de la parafernalia del poder: anécdotas, historias manidas y una épica sin ningún valor, intercalan el imaginario, donde el autor tendrá que bucear en su interés por remendar el caótico escenario que es la vida en este angosto espacio que es  el país problematizado.

Maestros de la narración y de la prosa ensayística mostraron el camino: Salvador Garmendia, Julio Garmendia, Guillermo Meneses; con los ensayistas Juan Liscano, Luis Beltrán Guerrero, Guillermo Sucre; para confluir en un presente más o menos edulcorado, donde recursos y citas para traer a las luminarias del gusto oficial, hacen del lema “El pueblo es la cultura”, la expresión de cierto socialismo acartonado; aquí, en esa encrucijada se erige un quehacer “como clandestino” que insurge y que poco a poco se abre paso, consiguiendo reconocimiento de los lectores y la critica disidente. Teódulo López Meléndez, Juan Páez Ávila, Miguel Prado, Gilberto Abril Rojas, Juandemaro Querales, Leonardo Pereira Meléndez; van estructurando una visión del arte de escribir que da cuenta de este amasijo de corrientes estereotipadas pasadas de moda, que puede ser el chavismo.

Escribir por ahora se ha convertido en un oficio difícil, por el grado de confrontación, donde el llamado arte oficial se vale de todos sus recursos y poder para acallar las voces disidentes, sin embargo nuestros representantes han buscado el reconocimiento en el exterior, que no les ha sido difícil, multiplicándose la creación de textos de ficción, de interpretación de las mil caras del autoritarismo, aprovechándose los pocos espacios que todavía subsisten en periódicos y revistas, iniciativas editoriales, en universidades y ateneos, casas de la cultura, que todavía no han caído en las botas de la barbarie.

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Para Juan Páez Ávila en su novela: ”Crónica de una Utopía”, la claque que nos gobierna hizo sus primeras incursiones políticas en la vieja izquierda de los años sesenta, sobrevivientes de la lucha armada al estilo cubano, refugiándose en las Universidades autónomas como la UCV; para después aparecer en los llamados frentes progresistas como las “chiripas” de Rafael Caldera, prestando sus “cuadros” talentosos para ir a ocupar algunos cargos burocráticos, con lo que inician una alianza con oficiales del ejército, una carrera instantánea por la administración pública para abarrotarse los bolsillos, validos por un régimen complaciente con la corrupción, pasando de seguidas a engrosar la llamada boliburguesìa.

Leonardo Pereira Meléndez, en su primera novela “Cementerio de voces”, hace recaer en una familia todos los enredos que confluyen en una sociedad como la venezolana, donde la justicia ha sido confiscada y en su lugar han dejado aposentarse pillos y jueces inescrupulosos, más una directriz del gobierno, quien considera a los delincuentes aliados tácticos, para amedrentar y exterminar  de la mano de estas bestias a la otrora clase media y pequeña burguesía pueblerina. De este dolor de ver caer a su parentela, sujetos obedientes al pacto social, y enamorados del ambiente pastoril que se respiraba, hasta que llegaron los hombres de uniforme.

La prosa periodística integrada por artículos de fondo, los cuales tratan de buscar respuestas en el pensamiento académico, a este trasplante autoritario con visos de estalinismo soviético a lo caribeño, se hace gran parte del juicio diario, para descorrer la noche totalitaria y refundar nuevamente la normalidad perdida, aunque haya que emplear muchos años en volver a rescatar un país sumido en la miseria, porque la actual avanzada militar destruyó  su base material y su principal industria: la petrolera.

La prosa y la narrativa viven momentos estelares, pese a la ocupación del país, no basta el control ideológico para paralizar de miedo a las almas, estos verdugos no saben la fuerza interna que han liberado, que se expresa en creaciones que surgen diariamente en la tradicional imprenta, y en las redes de la telemática, esto nos permite avizorar tiempos mejores, en que no haya que hacer un análisis sumarial como el que hago para hablar de literatura.

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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Comentarios

Our 10/04/2011 16:34


A mi la prosa siempre me ha gustado un monton, asi que gracias por ir dejandonos por aqui este tipo de textos.


Juan Herrera 09/07/2011 00:28


Bravo!!! Muy cierto y efectivo el mensaje de este ensayo. Este cogollo de delincuentes que desgobierna, ha logrado con su règimen de terror, todo lo contrario: que la gente venza el miedo y busque
las formas, ocultas en su mente, de expresarse. como dice un dicho: no hay mal que por bien no venga. Las experanzas estan vivas, cada vez, se sienten màs.


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