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18 agosto 2011 4 18 /08 /agosto /2011 22:37

Reflexionar sobre la vieja práctica de escoger la lengua escrita, para construir un orbe mítico, donde pueda  uno congraciarse con una realidad, ya de por sí evasiva y áspera, es un oficio de  Sísifo.

En una sociedad como la nuestra, marcada por una inestabilidad política y social desde su nacimiento como Estado, Venezuela ha disfrutado de cortos espacios de estabilidad, condición universal para que madure en cierto número de almas la vocación, para que recorran el difícil camino de la creación, dejando de este modo abundantes testimonios de los referentes culturales, consignados en los códigos lingüísticos, e ir enriqueciendo nuestro acervo cultural universal.

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Enseñar literatura es un oficio plausible -que busca generar en el interesado- un entusiasmo que le permita tomar este saber metalingüístico y metapoético con gran rigor, hundiéndose en las montañas de textos escritos, los cuales constituyen los insumos principales del oficio; abundantes lecturas que hay que comenzar a hacer y nunca postergarlas, para evitar el anquilosamiento y la debilidad de los materiales salidos del ingenio de su talento.

En el pasado se habló de los Talleres de Expresión Literaria, como una manera de formar escritores, sofisma o artificio manejado por algunos vividores del oficio de escritor; en su lugar este vacío se debe llenar con las técnicas del seminario, el simposio o la mesa redonda, asignando más tiempo al análisis literario que a la lectura de textos elaborados en la rutina escolar.

Un espacio como el señalado, debe privilegiar a escritores hispanoamericanos como: Jorge Luis Borges, Cesar Vallejo, Octavio Paz, Carlos Germán Belli, en poesía; narradores de la dimensión de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Augusto Monterroso; y ensayistas como Pedro Henríquez Ureña, Mariano Picón Salas, el mismo Octavio Paz y Carlos Monsiváis. Con esta lista apretadísima de escritores daremos un gran paso hacia la consagración del oficiante de la lengua.

La rutina de la mesa diletante puede emplear de 2 a 4 horas semanales, distribuyendo el tiempo en partes iguales, para teoría literaria y lecturas de textos, traídos como tarea por los participantes. Es una vieja conseja el de no abrumar a los miembros de la logia, con críticas descalificadoras, tampoco aceptar como logro un texto o poema hecho sin el rigor del oficio escriturario.

Para un escritor es fundamental ver el producto de su trabajo publicado, ahora con la virtualidad es más fácil mantener un blog para incluir textos y poemas; también  proponerse enviar colaboraciones para las innumerables páginas dedicadas a los nuevos escritores. Mantener una producción permanente, sin mucho alarde  y evitando por todos los medios repetir figuras manidas, permite sostener el interés de un público ávido por conocer lo que se viene haciendo en nuestra lengua.

Hay movimientos en el terreno de nuestra narrativa, que deben ser materia a tratar en estas congregaciones de fabuladores: el tránsito a la virtualidad, el fin de la modernidad, la suplantación del libro impreso por la pantalla cromática, el uso extendido de las redes sociales y los 144 caracteres, que ha originado una revolución en todos los campos, privilegiando el discurso escrito, tratados a profundidad de modo de no ser rebasados por la brutalidad de los cambios.

El transito acelerado con que se están dando los cambios de modelos políticos en nuestro país, ha traído anomia e incertidumbre, que vistos de forma conservadora pueden desencadenar estallidos sociales de grandes proporciones, y poner en peligro la posibilidad de reconstruir los cimientos socavados de una institucionalidad formal; tan terrible fractura es el marco referencial con que cuentan los escritores que se acercan a esta “misa en escena” de iniciados.

Agosto de 2011

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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Comentarios

Our 10/04/2011 16:35


A mi siempre me han gustado muchisimo los escritores y creo que siempre han sido unos romanticos empedernidos!


Juan Herrera Heras 08/28/2011 11:58


Kotepa Delgado decìa: "escribr que algo queda", y un dicho muy popular lo confirma: "las palabras se las lleva el viento". Para mi, que siempre me deje arrastrar por los nùmeros, porque los veia de
màs fàcil acceso para mi cerebro, las palabras de mi amigo y apreciado Juandemaro, vienen a confirmar, que a pesar de que la mayorìa cree lo contrario, los nùmeros son màs fàciles que las letras.
Las letras requieren de una buena inversiòn de tiempo y de màs atenciòn y delicadeza. En tal sentido, su recomendaciòn, viene como anillo al dedo. Amigo, recibe un fuerte abrazo, y como dicen los
españoles: ¡0le!!!


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