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18 octubre 2013 5 18 /10 /octubre /2013 18:06

 

Por Juandemaro Querales

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El maestro larguirucho, acromegalico, feo, a decir de otro insigne: Héctor Mujica “que si él era feo, el maestro Luis Beltrán Prieto abusa”. Sentado en circulo presidiendo la conversación, puros maestros de Carora, discípulos todos del Maestro de América. Andaba recorriendo el país de extremo a extremo, bregándose la Presidencia de la República que le ha sido esquiva, único escalón que le falta para cerrar con broche de oro su brillante vida de intelectual y servidor público; cuando ya viejo se muda a Caracas y comienza su aventura en las aulas de clase, completando su tránsito por todos los niveles de la Escuela ya viejo. Es el único Loro viejo que aprendió a leer y escribir, y como se destacó. Ahí estaba con sus zapatos de piel amarilla Has Poppie, de guayabera blanca, con su vaso de bombita lleno de una espumosa cerveza Zulia. La silla plegable  de esas de funeraria le queda pequeña. Expedito Cortés el anfitrión lleva la batuta, no puede ser de otra manera, miembro de la generación fundadora del Magisterio adeco y por ende militó en la resistencia contra Pérez Jiménez, ficha de la Federación Venezolana de Maestros. De ese acto político en la Plaza Chío Zubillaga, clausurado por el maestro, el ilustre pedagogo recreo su admiración juvenil por el mentor intelectual de la generación del 28, el marxista del cuarto universidad, el de la boina vasca, el de las sanguijuelas para extraerle la sangre todos los días. Allá en su Margarita del largo periodo gomecista, reflexionaba con los escritos de Chío en El Universal, cuando atendía la Panadería que tenía su Padre en la Asunción el Juez Luis Prieto Loreto. El maestro preguntaba hasta por el maestro más modesto del Distrito Torres, datos que usaba para escribir sus famosas biografías de Maestros venezolanos. El viejo maestro entregado al curso impenitente de la vida, espera con tranquilidad su segura y definitiva partida. De la primera muerte conserva el Acuerdo de Duelo enmarcado en vidrio y colgado en su estudio de su quinta Anchayajena de Prados del Este, con la firma del Presidente Jaime Lusinchi. En el escritorio de trabajo hay muy pocas pertenencias: un libro de poesía de León Felipe y un inmenso vaso de agua. Su diligente secretaria entra al estudio y pone término a la conversación semanal para no importunar más al ilustre maestro camino a la gloria.

 

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Texto del libro de relatos Reunión (2013)

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Published by Juandemaro Querales - en Narrativa
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