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26 enero 2011 3 26 /01 /enero /2011 18:57

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Las torrenciales lluvias caídas sobre el territorio nacional  han barrido con parte de la infraestructura integrada por: carreteras, vías de penetración rural, viviendas, represas, montañas, como si la fuerza de cien huracanes se han concentrado sobre esta parte del mundo.

La ferocidad de este fenómeno natural conocido como el niño y la niña, han dejado a millones de venezolanos sin techo, sin tierras de cultivo, sin enseres, en cueros como en los primeros días de la creación. Tormenta tropical que es una secuela de los huracanes que anualmente  azotan el mar de los caribes dirigiéndose a tierras de la masa continental, en época en que debían haberse alejado las lluvias.

El diluvio que estamos padeciendo  han cubierto gran parte del territorio incluyendo tierras montañosas y extensas llanuras, 11 entidades federales se habían declarado en emergencia, agregándosele otras cuatro en los últimos días; las escenas de tristeza y abandono se observan en los miles de rostros que aparecen en las pantallas de televisión, mientras ocupan los refugios improvisados a lo largo del territorio nacional.

Escenas como estas  hacen preludiar que se avecinan tiempos más borrascosos, lo que unido a una aguda recesión económica, harán más difícil la recuperación del país, sometido en la actualidad a un proceso de destrucción de su base material, aparato productivo que es asediado por los cuatro puntos cardinales para confiscarlo y posterior destrucción.

El hundimiento de barrios enteros en la Ciudad de Caracas, como producto de los deslaves regulares del Ávila, sometido a castigos permanentes, sus derrumbes no respetan condición social, sepultando tristemente a venezolanos que hubiesen podido alcanzar una vida digna.

La tribulación que vive Venezuela se hubiese enfrentado con cierto éxito, si la coordinación entre los organismos de Protección civil, policía, salud, gobiernos locales y regionales, hubiesen actuado unidos y no anárquicamente. El gobierno como siempre actuó tarde  con un interés político, descalificando a gobernadores y alcaldes de oposición para tapar sus culpas.

La presente crisis puso en evidencia el abandono de nuestros barrios, la desidia oficial al no vigilar y supervisar el uso de la tierra urbana, contenido en ordenanzas, aquellas construcciones endebles llevadas por los deslaves o las torrenteras de aguas hubiesen podido evitarse; drama que parece copiado de ciudades haitianas como Cabo Haitiano y Puerto Príncipe; nunca se había visto tanto abandono y desinterés por un segmento de la población, que ha sido objeto de culto por este régimen.

El diluvio venezolano se une a la desgracia que vive el hermano pueblo de Colombia, quien también las vaguadas tropicales lo mantienen bajo las aguas. Hay que reconstruir el país teniendo el cuidado de alejar a los funcionarios corruptos y a los mercaderes, tratando de no repetir los errores que vimos en el litoral guaireño y su rescate, a fin de restañar las heridas que le hemos infligido a la naturaleza.

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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