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11 junio 2013 2 11 /06 /junio /2013 23:26

Por: Juandemaro Querales

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Bastó que el Presidente Juan Manuel Santos  recibiera en su despacho del Palacio de Nariño, al candidato de la oposición  en las elecciones del 14 A, Henrique Capriles Radonski para que ardiera Troya.

Como la política exterior de Venezuela la pudiese dirigir un aspirante a la Presidencia, que de paso le robaron las elecciones y en su lugar el CNE nombró a Nicolás Maduro; el oficialismo se dedicó a lanzar todo tipo de denuestos y agresiones, violando las normas más elementales de la diplomacia, para hacer retroceder el intercambio fluido entre dos Estados hermanos a tiempos anteriores al acuerdo de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, suscrito entre el fallecido Hugo Chávez y el recién electo Juan Manuel Santos.

Con esa visión pragmática de Hugo Chávez la política de confrontación de los días  de Alvaro Uribe Veles  quedaron atrás, considerando el venezolano que el gesto del delfín del presidente saliente convertía  al colombiano “como el nuevo mejor amigo”, muy lejos quedó aquellos encarnizados ataques al antiguo Ministro de la Defensa, dardos envenenados los cuales llegaron a su punto más alto: cuando el ataque  del ejército de Colombia a territorio ecuatoriano, para destruir un campamento de las FARC y en cuyo bombardeo murieron 15 guerrilleros mexicanos y ecuatorianos eliminando de paso al segundo hombre de la organización guerrillera alias Raúl Reyes.

El acuerdo de San Pedro Alejandrino significaba una inflexión en esa pelea Uribe-Chávez, donde Santos  condiciona ese borrón y cuenta nueva al reconocimiento y cancelación de una deuda contraída por empresarios venezolanos por un monto de 800 millones de dólares; para Colombia ese gesto solo era un alto en el camino, todo por su afán de diversificar su comercio, buscando nuevos mercados de modo de sustituir al antiguo segundo mercado  como destino de su cada vez mayor manufacturas.

Temas como la peligrosa relación de las FARC y el ELN con el inquilino de Miraflores, denunciado en los días de la transición por Uribe Veles  en el Consejo General de la OEA, como regalo de despedida donde el embajador de Colombia abundó con grabaciones , coordenadas militares y fotos aéreas de los campamentos guerrilleros de las FARC en territorio venezolano, y se ocultaban los cabecillas del grupo insurgente encabezados por Timoleón Jiménez alias Timochenko, Iván Márquez y Rodrigo Granda.

La visita de un candidato presidencial de un país vecino tan importante para Colombia, solo por cortesía  desató en el oficialismo chavista toda una lluvia de improperios, como en los años gloriosos de Hugo Chávez que envió batallones de blindados hacia la frontera occidental. Escándalo que puede tildarse de ridículo ya que es gobierno  que está de salida, por lo no puede darse el lujo de cancelar ese jugoso intercambio  donde el nuestro está aquejado por un desabastecimiento como consecuencia del abandono del campo y la destrucción de nuestro parque industrial. Colombia es en el presente la despensa de Venezuela donde las mercancías fluyen por la extensa frontera, comercio que se caracteriza por la cercanía y la complementariedad dejada por el antiguo acuerdo de Cartagena de la que formamos parte y nos retiraron para complacer a Lula y a su neo imperio brasileño.

La jugada de Santos buscaba colocar ante el mundo a un gobierno desprestigiado  cuya piedra en el cogote lo constituye la ilegitimidad de origen, donde los problemas internos se agravan con el pasar del tiempo, encendiendo las alarmas de la comunidad internacional que temen que la  disolución de las instituciones contagien al vecindario; valorando con su actitud a una oposición en Venezuela que gana espacio y peso y genera confianza para hacerse cargo del poder, con propuestas de gran calibre para materializar ese ascenso en un futuro cercano. Lindezas como la otra alharaca desatada como una manera de mostrar su rechazo al anuncio de Santos de buscar acuerdo de colaboración con la OTAN, gritería destemplada que busca crear una cortina de humo para distraer al gran público de la realidad que constituye el fracaso estruendoso de la Troika formada por: Maduro, Cabello, Jaua.

Junio de 2013

 

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Published by Juandemaro Querales - en Narrativa
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