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28 agosto 2009 5 28 /08 /agosto /2009 23:38

La descripción hecha por el Presidente Chávez, del estado de la República, en su última alocución ante La Asamblea Nacional, produjo una pasmosidad rayana en la incredulidad a los oídos de todos.

 

La larga y tediosa perorata, que duró siete horas, castigó a unos parlamentarios que solo sesionan para complacer los caprichos del jefe de Miraflores. Espectáculo escenográfico usado por el régimen para botar el tiempo, que no dedica a gobernar.

 

Para el inquilino de la vieja casona del final de la avenida Urdaneta, la “crisis” venezolana no existe, sino en la mente perversa de una oposición envidiosa; que hay que evitar  por todos los medios que vuelva al poder, por que va a ensangrentar a la patria, palabras más, palabras menos, en su ilustre opinión.

 

Los apremios económicos, la pobreza, la inseguridad, los niños de la calle, todas esas lacras del subdesarrollo dejaron de existir, con la Revolución bolivariana y su Socialismo del siglo XXI; debido a los grandes logros obtenidos después de diez años de ensayo socialista, por lo que estas conquistas se yerguen como modelo para exportar a la región y el mundo.

 

El discurso totalizante de Hugo Chávez, dicho desde el asiento  de Cilia Flores en el Parlamento, y que representa el abandono del protocolo, al desechar el palco de los oradores; ha terminado por dibujar un país inexistente, que solo existe en los videos del Ministerio de Comunicación e Información al frente del cual se encuentra el “gran” comunicólogo Jesse Chacón. El argumento mediante el cual se ha vencido la miseria, haciendo retroceder la astronómica cifra de 86 por ciento en el pasado a menos de 30 por ciento, es digno de encomio; con todo y la torpeza de Elías Elyuri, quien no termina de incorporar a los beneficiarios de las diversas misiones, como trabajadores formales.

 


Un gobernante que monologa y sigue sin reconocer a más de la mitad de sus connacionales, porque no comparten su concepción militarista y autoritaria del poder; no puede ser el fiel de la balanza, donde el país que arde por los cuatro costados, se ponga de acuerdo para salir del atolladero. Mientras tanto una poderosa maquinaria publicitaria, pretende sustituir nuestra realidad pesadillesca, por otra comprimida y serializada, que solo le diga al “padrecito” mande.

 

Un señor que dijo: “que ya no hay niños abandonados en las calles de Venezuela”, y que se han creado cuatrocientos mil nuevos empleos, logrando que los índices de desempleo se redujeran a la mitad -en una década de gobierno- tiene que ser una caradura que se planta ahí, frente a los televisores encadenados, como si los venezolanos estamos pintados de la pared.

 

Un  gobernante “disociado” que opina que ahora tenemos una política exterior soberana, y todos los días estamos buscando enemigos en la Comunidad Internacional; mostrando el triste balance de estar casi aislados en el concierto mundial: Israel es la última perla del rosario, un conflicto de vieja data, que enfrenta al Medio Oriente, de golpe este gobierno nos arrastra de un día para otro en los enfrentamientos de los judíos con los palestinos y sus vecinos.

 

Siete horas- es más que suficientes- para darnos cuenta , que nos han tomado el pelo; del discurso desordenado y superficial, quedó en nosotros la sensación: que el hombre no tiene ninguna propuesta, a excepción de eternizarse en el poder, hasta que se le blanqueen los huesos; y a diez años de haber prometido a las masas populares enterrar cincuenta años de puntofijismo; volvemos a la dura realidad de encontrarnos con que el mandamás , reclama más años en el poder, para completar su obra entrópica.

 

 

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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