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25 agosto 2009 2 25 /08 /agosto /2009 18:59
De los hijos ilustres de Carora, que son una catajarra, Guillermo Morón figura en un sitial privilegiado, su legado teórico e intelectual, es un tesoro que las nuevas promociones de venezolanos están por develar.

Ya era tiempo que el autor de la monumental: “Historia de Venezuela” se apersonara en su ciudad natal, no como catedrático, ni orador de verbo encendido, más bien como un profeta, admirado y acatado, producto de su largo magisterio.

Con el escritor de marras, sellamos un compromiso hace dos décadas, de mantener un fanal de cultura encendido para coadyuvar altos fines, en el campo del arte, la literatura y la docencia.

El Ateneo que lleva su nombre, sigue ahí, entronizado en el gentilicio larense, como un viejo roble; hacedores de cultura e intelectuales, prestigian con su labor, el lento y cargado trabajo de producir bienes sublimes.

Del admirado escritor octogenario, muchos de los que transitamos el difícil oficio; siempre lo hemos considerado como nuestro maestro, que no se quedó aletargado en los viejos cánones de un realismo positivista añorante de los naturalismo, de ficticia militancia de credo sociologizante. Supo ensayar en sus cuentos y novelas, las formas de las estructuras narrativas más novedosas.

Su condición envidiable de pensador: Morón cultiva el ensayo desde los ámbitos de una cumbre universal, su bien disciplinada formación europea, en especial el viejo continente de posguerra. Le abren a nuestro inquieto trabajador de las ideas un escenario inimaginable, donde  la historia, las mentalidades, la herencia; son tomados en un acto fundacional, como si se tratara de una acción bautismal.

La curiosidad intelectual de nuestro coterráneo, le facilita el acercamiento a unas expresiones que corresponden a un discurso aleatorio, piezas accesorias de un mundo más complejo y donde la Europa: griega, romana e ilustrada se aposentó hace mucho tiempo. El ensayista acierta cuando oblitera; Carora- Cuicas con Alejandría o el Escorial de Felipe II.

Del autor de copiosa obra tanto en historia como en narrativa; queda el escritor de memorias, con una imaginación sobre entrenada; acopia para un lector exigente las miles de vertientes en que transformó su volcánica vida, y que como escogencia le sirvió de mucho para atesorar el amplio océano de sus ficciones.

En un país de metamorfosis constantes, los encandiladores de serpientes, no podrán con la grandeza de este intelectual nacido para perdurar

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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