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26 junio 2009 5 26 /06 /junio /2009 23:10
La rebelión encabezada por un pulpero villacurano: Ezequiel Zamora, primero en 1.806 y después entre los años 1.858-1.860, lo han convertido en una leyenda dentro de las luchas de redención social, que han sacudido a Latinoamérica, desde la fundación de las repúblicas hispanoamericanas.

Para un historiador como Federico Brito Figueroa: “Tiempo de Ezequiel Zamora”. Edic. Centauro. 2da. Edición. Caracas. 1.975. Someter a este bizarro guerrero en un arquetipo de las luchas populares, por saciar viejas ofertas de tierras y de animales, a las masas de desarrapados, fue una vertiente de su trabajo, que lo equipara con Mariano Azuela: “Los de abajo”, novela autobiográfica sobre la revolución mexicana y el papel jugado por Pancho Villa, visto por su médico de cabecera.

Para una historiografía que la integran Laureano Villanueva, Lisandro Alvarado, Francisco González Guinan; Zamora es un héroe difuso, de obra inconclusa que resume el deseo irrefrenable de las masas de hombres de a pie, contra unas estructuras que se heredaron de la ‘ancien regime’ y que no sufrieron modificaciones; la prédica de justicia, libertad y fraternidad, resonó en ellos con un gran sentido de redención, gracias a la divulgación que hace el antiguo bodeguero, y convertido más tarde en impulsor de las ideas liberales, aprendidas en las páginas de El Venezolano, dirigido por Antonio Leocadio Guzmán. Brito Figueroa lo toma de esa manera, con un planteo marxista, que no mancha de forma catequista su exploración de la llamada aplicación del liberalismo en Venezuela.

Para el historiador victoriano, Zamora es un líder colectivo, que no está ungido de una voluntad olímpica, en esto se va a diferenciar de los fabricantes de fetiches anteriores. El pueblo como actor político -y no como entelequia- irrumpe con inusitada fuerza, al compás de banderas de espeso corte de un socialismo vago y fantástico; el viejo discurso de la primera generación fundadora en los congresos genesíacos; pero ahora en manos de la plebe que pide cosas tangibles: tierra y redención. El jefe esperado por un colectivo que ve hacer aguas el poderío de la Oligarquía Conservadora y su líder indiscutido: Páez.

“En Tiempos de Ezequiel Zamora” visualizamos el paso de un guerrillero de montonera tumultuarias, al hombre de uniforme incorporado al ejército nacional, hasta llegar al grado de General de Brigada de manos de José Tadeo Monagas; los hechos terribles del 24 de Enero de 1.848; su alejamiento de la fuerza armada, el retiro a la vida fuelle y oropelezca, excelentemente con la hermana viuda del General Juan Crisóstomo falcón. Su exilio en Curazao, la conspiración y posterior invasión de Venezuela en 1.859, para ponerse al frente del Ejército Federal, sección occidental; a fin de imponer las ideas liberales condensadas en el lema de Federalismo.

El manejo que hace de las masas, la pasión que lo mueve en los estados donde se decreta el Federalismo: Coro, Barinas, Yaracuy; da razón del arraigo y ascendiente que tiene este líder liberal, con lo cual podemos afirmar que había nacido un nuevo caudillo, como en los albores de la República. Su muerte oportuna -como la definió Ramón J. Velásquez- coloca un halo mágico a esta vida acelerada y fulgurante, de un Caudillo de masas que fusionó el campamento con el manejo de algunos universales, como lemas o proclamas, con el fin de completar la ansiada transición: Monarquía- República. Allí, en esa transfiguración del hombre de armas en sembrador de ideas está el carácter eterno del planteamiento de Brito Figueroa; el mito donde se vean reflejados “los rotos”, eternos relegados de todos los procesos sociales vividos por nuestro país.

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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