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12 junio 2009 5 12 /06 /junio /2009 23:08

 

La discusión actual sobre la vigencia de la Universidad, ha llegado a un punto de inflexión: su desaparición. Como la creación más acabada de la modernidad, estas vetustas instituciones, lucen hoy como piezas de museo.

 

Dentro de los seguidores de Toni Negri, la Universidad sólo amerita un cambio de paradigma, donde los saberes del viejo materialismo, que conducían al reconocimiento académico; deben abrir paso a un alma mater donde la transversalidad, la transdisciplinaridad y lo cognitivo deben de aplacar la paranoia que significa el fin del planeta, con la consiguiente consecuencia de enviar colonias humanas a Marte y a Titán (35 luna de Saturno).

 

El replanteo de los postmodernistas sobre cambio de paradigma, ya cae en el fastidio, porque lejos de repetir una que otra frase de presunta militancia filosófica: no da en el clavo. La Universidad decimonónica -plagada de problemas- perece en un rincón de nuestra sociedad, olvidada y subestimada; para colmo de males usada como chivo expiatorio para acusarla de formadora de oligarcas.

 

El relevo ideológico al que asistimos, donde la intensión última es crear un hombre nuevo, esto en los estrechos márgenes del socialismo real y ahora reencauchado con el marbete de Socialismo del Siglo XXI;  convierten a estos aparatos en un objeto apetecido, donde la plebeyización junto con la serialidad, permiten aplanar la sociedad desde estos centros donde alguna vez se reclutaron las elites que gobernaron durante la segunda mitad del siglo pasado.

 

La creación de un sistema universitario paralelo, la desescolarización y la masificación del sistema universitario en manos del gobierno, han llevado a restar importancia a una actividad que llegó a poseer prestigio social, y a sus egresados ser portadores de la falacia de la movilidad y la captación, para ingresar al cielo raso de la alta administración.

 



Producir una simbiosis entre educación y escolaridad, ha permitido masificar universidades de dudosa calidad académica, haciéndole creer al participante que la educación superior es una sola, y no un sistema binario: de aparatos de masas y de elites. Eliminar las evaluaciones, sustituir las ciencias fácticas por el adoctrinamiento político; dentro de un franquiciado diseminado por todo el país, el cual improvisa aulas, preferiblemente en el crítico sistema de educación de primer nivel.

 

El abandono de que es víctima, la universidad autónoma o tradicional, por parte de un gobierno, que la ve como una escoria a deslastrar, ha hecho de la antigua alma mater nacional, un degredo al cual se le niegan recursos y se le somete a una erosión de sus logros.

 

El financiar dos sistemas universitarios, pudo ser posible por la abundancia de petrodólares; pero la binaridad llegó a su fin, para crear dentro de la  nueva ética y moral socialista, una educación superior que se desligue de la investigación y la transmisión del conocimiento científico; por una universidad ideologizada, apéndice de un proyecto político hegemónico, que solo acepta el usufructo del poder del hombre fuerte con unos incondicionales de ocasión.

 

El futuro de la educación superior, es sombrío, su transformación en un aparato dócil, está delineado en el último Plan de la Nación 2.007-2.013. Con una economía altamente dependiente del petróleo, con estatización de la actividad no petrolera, más el grado de indefensión legal y la amenaza que profiere el gobernante contra los inversionistas y compañías; alejan los capitales, y por ende los empleos; por lo que la vieja universidad que producía cuadros para la empresa, produce desempleados, marginales togados de inciertas especializaciones. He ahí el panorama que se le abre a la Universidad napoleónica.

 

 

     

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Published by Juandemaro Querales - en Ensayo
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