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4 septiembre 2015 5 04 /09 /septiembre /2015 19:01
GELINDO CASASOLA EL MEDIEVALISTA DE LA CORDILLERA

Por Juandemaro Querales

Gelindo Casasola es un poeta merideño, nacido en Udine, Italia, en febrero de 1956. A los 24 años de edad toma la desafortunada decisión de quitarse la vida. Con su desaparición se tronchó la existencia de un poeta que pudo haber desarrollado una obra fundamental en la Venezuela del siglo XX. Esto lo decimos por la calidad de su temprana producción: Pasturas y el libro póstumo “El Honguero Apasionado”.

Casasola, apellido de su madre que adoptó para darse a conocer como aeda. Callígaro, el apellido con que lo llamábamos sus compañeros de estudios, en las aulas de la Escuela de Letras, en la vieja Universidad Andina de Mérida. Estudiante sobresaliente, con una formación en Literatura Clásica y moderna europea. Cuestión que le permitió pasar los cursos académicos sin mucho esfuerzo; mostrando desapego y cierto desdén por la literatura venezolana y latinoamericana.

Para alguna crítica, Casasola, es un lírico incomprendido y críptico, que vivió al margen de modas y tendencias capitalinas. Solo uno: Daniel Arella, hace la distinción, quien lo define como Neo-modernista, en el sentido que le daba Rubén Darío, al Movimiento que buscaba renovar la forma de hacer literatura en la lengua española, la cual estaba sumida en el acartonamiento y vetustez a que la redujo el espíritu de secta decimonónico.

En su libro póstumo:”El Honguero Apasionado”, Casasola ya está en dominio de una técnica y el manejo del verso: soneto y el versolibrismo. Aislado en un tiempo Arcádico, aristocrático y arcaico; el autor se refugia en el cuento maravilloso de: Hadas, Duendes, Gnomos, Centauros, Unicornios. Con paisajes que corresponden a una geografía templada de cuatro estaciones. Allí observa una naturaleza falseada de: Nardos, Magnolias y Amapola. El Reino del “Azul” del gran poeta “Chorotega”. También para no pecar de modestia, Casasola, como un lírico que ya se siente que está en posesión de un gran lenguaje, se eleva sus criaturas a un gotismo de cábalas y sortilegios; emparentándose con el Jorge Luis Borges de “Ficciones” y el Makrol de Álvaro Mutis.

No es cierto que los “hongueros” de los años sesenta, en la Mérida aldeana y su vieja Universidad, fueron el barómetro para historiar estos años de cambios incesantes. Hippies y contestarios de la guerra de Vietnam, se unieron al sicodelismo, viviendo en la burbuja de los paraísos artificiales a lo Baudelaire del hachís: a diferencia del materialismo marxista que dominaba el currículo en las Universidades Autónomas, convertidas en coto de caza del comunismo criollo.

Por aquellos años se convocó un Encuentro Nacional de comedores de Hongos, reunidos en un pequeño festival de Woodstock, hombres y mujeres a la usanza anglosajona, como los barbaros de Alarico viajaron como Antonin Artaud, con el Peyote de los Tarahumaras mexicanos, en el marco de la pequeña villa y su alturas nevadas.

Los viajes astrales de aquellos esquizofrénicos, no influyó en nada en el autor de Pasturas. Su nihilismo y su desdoblamiento para habitar en la Europa medieval y religiosa temerosa de caer en la tentación demoniaca y en los tribunales de la inquisición. Lo que hacen es harto valorar los Paraísos Arcádicos de Gelindo Casasola, en aquel medio dominado por el abuso de la especulación del Socialismo totalitario con marca soviética y revolución cultural maoísta. Posiblemente sea la resultante de unir el Budismo Zen con el Lobo Estepario de Hermann Hess.

Septiembre de 2015.

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Published by Juandemaro Querales
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