Thursday 26 january 2012 4 26 /01 /Ene /2012 17:49

Hablar de Teódulo López Meléndez reviste un gran compromiso: poeta, ensayista, editor, novelista y bloguero. Escritor apasionado y militante de referencias ideológicas, ha emborronado tanta tinta que cuesta trabajo citar su extensa bibliografía.

 

Voy a detenerme en un aspecto importante de su vida como intelectual, su responsabilidad en las páginas literarias del diario El Impulso de Barquisimeto, por más de una década desfilaron por sus secciones poetas y escritores de las nuevas promociones; durante los años ochenta del siglo XX muchos de nosotros tuvimos acogida en el importante magazine. Su seriedad era tal que ni aun en su labor de diplomático, se desprendió de su responsabilidad, delegando el trabajo de asesor literario en hombros del poeta Eddy Rafael Pérez.

         

 Teódulo López Meléndez, siempre ha sido un estudioso de los medios de comunicación, aun cuando esta industria estaba en pañales y no se sabía su desarrollo posterior y las implicaciones en nuestras vidas. Su preocupación lo coloca entre los primeros teóricos de la comunicación: “El Venezolano Amaestrado” es un libro capital que integra la trilogía de textos consagrados sobre el tema, conjuntamente con: “El Aparato Singular” de Antonio Pasquali; y “La Celestina Mecánica” de Marta Colomina.

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Autor apasionado por las ideas y el discurso político, López Meléndez  deja plasmado en libros  de ensayos su capacidad reflexiva y analítica de la ciencia fundada por Nicolás Maquiavelo: “Introducción a la Política”, “Reflexiones sobre la República”, son testimonio  de su talento.

 

Ensayista y traductor, deja constancia de su dominio de los idiomas con las traducciones de las obras en Italiano de los poetas: Ungaretti, Quasimodo, Montale; y del Portugués  Fernando Pessoa, dejándonos un extenso ensayo sobre el poeta del fado y el vino en la Lisboa de las primeras décadas del siglo XX. Su libro: “Pessoa: la respuesta de la palabra” obtiene el Primer Premio en el certamen sobre el centenario del gran poeta lusitano.

Teódulo López Meléndez, además de novelista  es un gran poeta clásico, lírico, vigente con grandes aciertos, logrando trascender a Europa, integra una cofradía que lo emparenta con Eugenio Montejo y Rafael Cadenas. Mestas, Mesticia y Mester, son referencias en la lengua española.

 

Pero la gran preocupación del autor de “Los escribientes moriremos”  es la marcha de la sociedad venezolana, en el concierto regional y mundial, a este pensador nada le es ajeno. La globalidad, la mundialización, el pensamiento único y ahora el fin de la socialdemocracia y el conservatismo. También la Primavera Árabe  y los indignados de las dos orillas; lo mantiene en vigilia a sabiendas su situación en la encrucijada que presenta la orfandad de ideas.

 

La última aventura de este monstruo de la escritura, fue haber amagado con presentarse en las primarias de la MUD, para hacer oír su voz y su escritura, en un momento fundamental en el desarrollo de nuestra historia, en el preciso momento en que se lucha a fondo para derrotar los intentos descarados de una multinacional de viudas del socialismo burocrático estalinista, por privar a los venezolanos de sus libertades más elementales. Doctrina cuya prédica no consigue eco, en un certamen ya prefijado de antemano por una casta de gobernadores.

 

En una sociedad que valora el desempeño de peloteros, futbolistas y mises; el trabajo de los intelectuales y escritores  se perciben como clandestinos, de modo que para romper este fatalismo, el Ateneo de Carora Guillermo Morón, en su próximo Aniversario  XXII-2012, ha hecho recaer el Premio de Literatura, Mención Narrativa, en este autor consagrado entre los lectores de Hispanoamérica.

 

Enero de 2012                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Por Juandemaro Querales - Publicado en: Ensayo - Comunidad: El Ateno de Carora
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Tuesday 1 november 2011 2 01 /11 /Nov /2011 15:54

TITO-NUNEZ.jpgSeguir el curso de la poesía de Tito Núñez Silva, es sinuoso, dispuestos a renunciar en cualquier momento, cuando sus imágenes le sirvan de apoyatura a otro discurso pareado, al que nos tiene acostumbrados, lo largo de una docena de libros de versos y una producción en prosa, reflexiones sobre arte y literatura, y el país que tanto le duele.

 

Su poética es más bien esquemática, dividida en grandes momentos; muchos de ellos marcados por el compromiso contraído por las utopías, en que su espíritu de reformador y visionario, se aposenta en los lenguajes, únicos depositarios de las ilusiones de generaciones, tildadas de innovadoras, portadoras de originales gramáticas que buscan remover el piso firme de una sociedad, que cada cierto tiempo reclama el sacrificio de una o varias cohortes, las cuales se inmolan en fuego para lograr la purificación en la fatuidad de su voz interior; gestos demenciales que solo los poetas suelen descifrar o servir de Hefaistos o Mercurios para materializar la voluntad de las esfinges.

 

En una segunda instancia aquel insurgente de horca y cuchillo, se metamorfosea en un Hesiodo cuyo regreso al campo y al labrantío, busca la renovación del mito fundacional. Lejos quedaron las grandes epopeyas, la tierra equinoccial y tórrida del Bello y su cornucopia, aflora en un génesis cuyo canto se eleva hasta la estratosfera en: ”Bajo la vieja Ceiba” o en “El libro de Junio”; con estos testimonios se convierte en el Druida que sueña con un recomienzo de la utopía desde Moro hasta Marx, ya no con la entrega de la vida en combate, si no en el campo reformista; “Poemademus” no es un manifiesto socialdemócrata, tampoco es el armisticio obligatorio para claudicar, solo es la savia que ha alimentado al oráculo en la larga travesía por el desierto rojo del sueño.

 

No oculto la admiración que siento por Tito Núñez Silva, con lo cual no puedo estar de acuerdo con cierta crítica pueril, que llega a banalizar el trabajo  lírico del  autor de marras; si bien mi teoría de los dos momentos o estadios, es de raigambre escolástica: las poéticas de la imagen, panfletaria o clásica con referencia al Siglo de Oro, como los reformadores de la apertura de la década de los cuarenta del siglo pasado. Estructura más rígida la cual le permite escaparse de ciertos dogmas, en momentos de gran escepticismo y frustración, para una buena parte de la inteligencia venezolana, ocupada en anomizar lo que queda de República puntofijista.

 

La Selección Poética de 1966-1998, marca un punto de inflexión en un poeta que no ha dado pausa, ni descanso a su quehacer lingüístico, bien con sus dogmas y creencias, que resultan de cuerpo entero retratadas en un impresionismo; y así desdeñar cierta poesía intimista, siempre buscando el efectismo culterano se refugia en trucos surrealistas, del corte sarcofágico o coprofágico, con tal de molestar la paciencia.

 

De su espeso mural hay momentos de gran lucidez, como cuando le corresponde ahondar en el planteamiento Unamuniano del hombre y su circunstancia, resuelta mediante los recursos del sino trágico, o el tanatismo que llevó a mucha gente a pensar en abreviar camino participando de forma entusiasta en las inciviles de nuestra historia, como correlato de una unidad de visiones, combinadas entre lo real pesadillesco, y la fantasía que hunda sus raíces en la mitología, inaugurada desde los días genesíacos del ‘Variquisimeto’ del Tirano Aguirre y sus marañones; las señoritas Hinojosa, el mito bíblico de Job, varado en costas del mar muerto-placita de Altagracia, mismo mito-espacio que reunió en el pasado remoto a Salvador Garmendia, Rafael Cadenas, Manuel Caballero, Elisio Jiménez Sierra, Héctor Mujica y Alì Lameda.

 

Este apretado análisis abre el homenaje que con motivo del próximo Aniversario del Ateneo de Carora “Guillermo Morón”, le rendirá al poeta Tito Núñez Silva, concediéndole el Premio Nacional de Poesía, XXII años de la institución en febrero del 2012.

Octubre de 2011

Por Juandemaro Querales - Publicado en: Ensayo - Comunidad: El Ateno de Carora
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Tuesday 11 october 2011 2 11 /10 /Oct /2011 17:09

El espectáculo macabro de los últimos días, mostrado por unas éLA-MUERTE.jpglites políticas, sin ningún tipo de creatividad, es sintomático sobre el grado de descomposición moral, que presenta  nuestra sociedad. El velorio de Carlos Andrés Pérez, en diferido, y la enfermedad de Hugo Chávez, ocupan los gustos sarcofàgicos de una fauna que no termina de extinguirse.

El ex gobernante Carlos Andrés Pérez, el mismo que usó el eslogan de campaña “ese hombre si camina”, parece como si se resiste a descansar en paz; sus seguidores, verdaderas hienas de sus despojos, lo mantuvieron momificado en una cripta de un cementerio del sur de la Florida, esperando que se diera la ocasión, para montar un circo tanático, cuyo interés electorero debería capitalizarlo los inefables: Henry Ramos Allup y Antonio Ledezma, albacea a última hora del líder socialdemócrata.

Entre el cáncer de Hugo Chávez y la momia de Carlos Andrés Pérez, hay muchas coincidencias, la más resaltante consiste en mantener a los venezolanos en vilo, hacerlos depender de los dictados sobrenaturales, de la muerte próxima; para Hugo Chávez y Carlos Andrés Pérez en su necro-imaginario se puede seguir influyendo en política desde el más allá, como correspondía a los viejos faraones del Egipto antiguo, guiados por las directrices del Libro de los muertos.

La inmortalidad de CAP y la próxima de Hugo Chávez, serían los requisitos ineludibles que la nueva iglesia reclama de sus acólitos; un corrupto de marca mayor y otro que insurgió contra los vicios del líder adeco, ahora compite por el primer lugar de ineficiencia, corrupción y complicidad, son características del santo de moda.

Las sociedades viven cada cierto tiempo de su historia, una inclinación tanática, buscan suicidarse, no importa qué movimientos, líderes de gran peso intelectual que razonen en contrario, una inercia newtoniana las arrastra a la tragedia y con ello a desaparecer en el estercolero donde la historia espera a los sonámbulos de siempre.

La enfermedad de vacío que caracteriza a la sociedad venezolana actual, la lleva a buscar en los mitos sofoclianos como el de Antígona, respuestas al quiebre que significa convocar a los muertos, de manera de hacerlos hablar y cómplices de los delirios frecuentes, de los atávicos gobernantes, tanto del pasado como los del presente. Malos tiempos se ven venir, si los dueños del poder fracasados o por fracasar, se dan en charlas con los ausentes, como el Hamlet, mezclándolo en las intrigas palaciegas, usadas en su desespero por la espalda que les dan las masas, desencantadas, cansadas de estos líderes providenciales.

CAP no ha debido prolongar tanto su muerte por olvido, la momia velada en la casa sindical de AD en el Paraíso, correrá la misma suerte que el gran jefe liberal del siglo XIX Tomás Lander, quien después de permanecer veinte años en su sala de estudio, como objeto decorativo y contertulio de palo de las visitas, finalmente se le dio cristiana sepultura; obra del taxidermista Dr. Khoch, responsable de las momias del Ávila; ocultadas a los ojos del público, por los espesos bosques del cerro, hasta que la ciudad en su crecimiento desmedido, profanó la casa-mausoleo, sus momias tiradas y destruidas en el follaje tragadas por la indolencia. La historia es así de cruel, por más que usted quiera congelarlo en una funeraria y esperar un auge de masas, para sacarle proventos electorales; recomendamos a aquellos aprendices de brujo, que no deben olvidar esta vieja conseja marxista, y es que la historia ha regresado como tragedia.

Octubre de 2011

Por Juandemaro Querales - Publicado en: Ensayo - Comunidad: El Ateno de Carora
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Friday 30 september 2011 5 30 /09 /Set /2011 02:17

CARA.jpgCreer que una sociedad se disuelve o se momifica porque está en guerra  permanente, es un sofisma; hoy por hoy, la literatura colombiana goza de muy buena salud siendo considerada una de los mejores del  continente. Esta afirmación viene corroborada por la Trilogía de Raúl Ospina Ospina. “Las Mujeres de Lot”; “Para Morir Nací”; “Laberinto Mortal”.

Para este autor del Tolima radicado desde hace muchos años en Chiquinquirà , Boyacá; el ambiente explosivo de la sociedad neogranadina, no le es desconocido; su experiencia como periodista y hombre de radio, le ha permitido hacer una transversalidad, donde lo efímero y a veces banal, son disecados y puesto en formol, para ser taxidermizados en una estructura como la novela, cuya definición se la da su coterráneo y excelente escritor Fernando Soto Aparicio: “La novela se presta a toda clase de experimentos, desde la literatura objetal hasta el panfleto, desde la burla y el humor negro hasta la tragedia.”

Los hombres y las mujeres del universo cerrado como en la Grecia de Pericles, de la Trilogía de Ospina Ospina, cuyos sujetos llevan un sino trágico en la frente, que solo se resuelve con la desaparición física; caoticidad que corresponde a la tragedia sofocliana de Antígona y Edipo en Colona; siendo el meridiano que ha recorrido gran parte de la literatura del país andino, desde “La Mala Hora” y “la saga de los Buendía” en el Macondo de Gabriel García Márquez.

Los personajes de Ospina Ospina carecen de vida propia, como en la sociedad cerrada griega, estos sujetos poseen un antes y un después, con un punto omega para que realice su misión. Seres pusilánimes, incapaces de torcer la voluntad del arúspice. La puerta de ingreso al averno lo marca un virus: el VIH, las listas negras al estilo Cartel de Medellín, o la maldición gitana; nudo gordiano que se desata en una operación dialéctica, donde el curso del río narrativo amasa: habla coloquial, argot de gañanes, recetario policial, y aún queda espacio para traer significación como en un anuario de variedades: la música de la costa Caribe, bambucos de la sierra, y el gusto culinario de una gran porción de una compleja y múltiple comunidad humana.

 

La vivisección de este ornitólogo que explora hasta el menor de los movimientos de la colmena, hace abigarrado el rompe cabezas de su mundo narrativo. No es fácil clasificar esta Trilogía novelística, escrita al rescoldo de tendencias que marcan la industria editorial, como la novela del narcotráfico, o la que da cuenta de la ferocidad de los alzados en armas, o los libros que cuentan lo terrible y doloroso del drama de los secuestrados, que regresan por azar del túnel de la muerte donde estuvieron confinados por años. Este periodista doblado en novelista, aprovecha el hecho fútil y fugaz que siempre es una pequeña historia, para alimentar sus muñecas rusas, con los Sherezades que ofician de coro griego de un largo funeral, que son las sociedades polarizadas.

La Trilogía de novelas reportajes, enriquecen el panorama de la Literatura posterior a la generación sempiterna conocida como Boom latinoamericano. Muy lejos de Manhattan Transfer de John Dos Pasos, y “París era una Fiesta” de Ernest Hemingway; Ospina Ospina se apega a Paul Auster, Truman Capote o a Stephen King, para darnos textos pareados producto del gusto abigarrado del guión de película, comic  o novela policial.

Lo complejo de la realidad objetiva, en un marco hegeliano de los procesos históricos, empujan a un autor como Raúl Ospina Ospina  a construir sus creaciones verbales, en una maqueta de gran aliento, Tres construcciones con una anécdota como insulsa, y que poco a poco va desarrollando una trama de cine para noctámbulo; un gran espacio corístico para agarrar a los personajes maniqueos, para echarlos finalmente por el sanitario, y se pudran en las aguas negras que recorren las entrañas de la ciudad.

Septiembre de 2011

Por Juandemaro Querales - Publicado en: Ensayo - Comunidad: El Ateno de Carora
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Friday 9 september 2011 5 09 /09 /Set /2011 18:47

Lo mejor de la tradición de las letras venezolanas  se encuentra en nuestro periodismo: Juan Vicente González, Tomás Lander, Fermín Toro, Antonio Leocadio Guzmán y Cecilio Acosta, llenaron con su sabiduría los periódicos de orientación liberal, lo que llevó a tener conocimiento de la modernidad y a formar parte de la segunda generación de la ilustración.

Hoy, escribir para la prensa se ha convertido en un riesgo  y en una fiesta, donde la historia menuda es la materia principal para llenar cuartillas emborronando papel y ahora con la pantalla cromática, los sueños inconclusos de una sociedad que quiere restablecer la armonía y la justicia perdida.

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No todo lo que tiene estructura de columna periodística puede ser incluido en sus páginas, salvando la parte y en representación de algunos destacados escritores, que por su preparación intelectual engrandece el oficio, por lo que el valor literario respira por todos los poros. Entre nosotros son memorables los casos de; Arturo Uslar Pietri, Luis Beltrán Guerrero, Ramón Escovar Salom y Mario Briceño Iragorri; quienes destilaron su facundia y belleza en la prosa, y dejarnos verdaderas líneas que reunidas en volumen, son de consulta obligatoria: Pizarrón, Candideces, Ventana de Papel o Tapices de Historia Patria.

Quienes escriben para los periódicos pasan verdaderos suplicios, donde la alteridad y el desdoblamiento son la regla, durante el tiempo que dista entre uno y otro artículo, se está en un limbo, donde a veces no se corre con suerte y no aflora ni una pisca de idea para dejarla plasmada en la columna semanal; después como por arte de magia el duende de la imaginación acude en nuestro auxilio.

La elegancia de la prosa viene dada por la madurez y la preparación intelectual, la cual se acrecienta con el paso de los años, contando con la exigencia de un lector ávido y omnívoro, que reclama permanentemente por el mejor trabajo, una verdadera joya, que vaya directamente a engrosar la rica tradición escrita de la cultura nacional.

En la prosa venezolana se recoge lo más acabado de la producción  del ensayo corto, célebre en Hispanoamérica, por la circunstancia muy especial debido a que los escritores más afamados de la lengua discurren por sus secciones: Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Julián Marías, Simón Alberto Consalvi, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis; y en otro momento de gran brillo lo hicieron: Germán Arciniegas, Joaquín Balaguer, Juan Bosh,  Octavio Paz y Mariano Picón Salas.

El escribir para la prensa ha sido de gran utilidad, para la tradición literaria hispanoamericana: Simón Rodríguez, Juan Germán Rosco, la generación de los proscriptos argentinos: Sarmiento y Mitre a la cabeza, hacían la aclimatación de las ideas en el continente. Nuestro Libertador Simón Bolívar le daba especial interés a la imprenta, de allí que dotó a sus campañas militares y a su función de estadista de un periódico “El Correo del Orinoco”, periódico bilingüe editado en inglés y español, el cual recoge páginas memorables para la historia como “El Discurso de Angostura” Y la Constitución de 1819.

En estos tiempos de censura y ahogo de la disensión, la palabra escrita adquiere un sentido pedagógico, donde las masas atosigadas por el control ideológico de un gigantesco sistema de información, dirigidas por un Ministerio de Propaganda; buscan en el periodismo independiente y comprometido, una ventana para informarse a ciencia cierta de cómo la estructura autoritaria va desmontando las formas democráticas heredadas del siglo XX.

Los periódicos y los consabidos colaboradores y entre ellos los intelectuales, no pueden callar en las actuales circunstancias, hacerlo sería un acto de cobardía y de entrega, al déspota analfabeta, que siempre ha visto en el campo del trabajo de las ideas, la semilla del futuro y el fin de las satrapías; donde anidan los planteamientos que nos lleven a salir del túnel y poder restaurar el antiguo orden sepultado por el avance de las botas.

Por Juandemaro Querales - Publicado en: Ensayo - Comunidad: El Ateno de Carora
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